Lo que no se aprende a solas
Se suele decir que para educar a un niño hace falta una tribu. No porque todos estén siempre encima de él, sino porque se forma en un ambiente compartido, rodeado de miradas, ejemplos y límites. Algo de eso, quizá, también está en la raíz de la felicidad.
La educación, entonces, en la pura individualidad pierde algo de su sentido. Se vuelve más transaccional y práctica. La realización suele aparecer como un efecto de ese vínculo con lo externo, no como el premio a una eficiencia solitaria. Hay algo en la experiencia de aprender con otros que difícilmente ocurre en la soledad de una habitación.
Es cierto que seguiremos necesitando ingenieros que construyan puentes. Pero ¿qué tanto de eso........
