Entre la vanidad y la soberbia
Con frecuencia se dice que el poder siempre saca lo mejor o lo peor de las personas. La razón es simple: el ejercicio del poder (y más precisamente el poder político) trae consigo siempre el riesgo de caer en una trampa que destruye a los que tienen el poder, no tanto por la manera como lo ejercen, sino por lo que creen que son mientras lo tienen y por la forma como esa convicción los lleva a actuar.
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Es la trampa entretejida por la vanidad y la soberbia. La primera se expresa como una especie de fuerza interior que se desata con la llegada al poder, para hacer creer a los que gobiernan que están revestidos de una superioridad que proviene de sus virtudes y de su esfuerzo, pero nunca de la conjunción transitoria de circunstancias, alianzas y azares que los llevaron ahí. Esa convicción no solo hace que el gobernante confunda la investidura con el mérito y este con el destino. También lleva a que cada desacuerdo, cuestionamiento o calificación sea tomado como algo personal y se........
