Del régimen de los derechos, al de los deberes
Pocas cosas grafican bien la naturaleza del “ser colombiano” como una tragedia. El sociólogo Fernando Calderón decía que Colombia era un país en que “cada hecho que ocurre es extraordinario, y cuando nos detenemos a verlo, descubrimos que siempre es un hecho cotidiano”. García Márquez decía: “Hemos forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura”. Cierto. Vivimos en un país en el que ocurre algo que presagia lo peor, pero inmediatamente sucede algo que revela lo contrario. Cuando parecía que la polarización entre petristas y uribistas había rasgado el tejido social del país, hasta un punto en que mostraba una sociedad fracturada, un terremoto de 7,4 en la escala de Richter desata una fuerza de solidaridad entre los colombianos que 10 días después se resiste a desaparecer. Aún hoy, la gente se sigue movilizando para recoger y enviar donaciones en una magnitud que no habíamos visto. Es su manera de permanecer presente acompañando a quienes el terremoto los dejó sin nada. Qué paradoja. El activismo social, que........
