Que el diablo escoja
Nunca votaría por Iván Cepeda. Ni jamás votaría por Abelardo de la Espriella. Hago parte del 21,5 % de los colombianos que nunca votaría por el heredero de Gustavo Petro. Y también soy parte del 15,8% que jamás votaría por el costeño-fantoche y farolero. Mediciones del Centro Nacional de Consultoría, que apuntan a la yugular de toda elección a la presidencia de la República: por quién no somos capaces de votar.
Confesionario que hoy me toca: nunca habría sido capaz de votar por Gustavo Petro. Y no por su pasado guerrillero, sino por su pésima gestión como alcalde de Bogotá: la crisis de las basuras, los nulos cumplimientos en materia de infraestructura, los poquísimos avances en movilidad, el incumplimiento de lo prometido en educación pública, el cambio constante de secretarios, el séquito de ‘yes-man’, los serviles aduladores sobachaquetas, el descuadre presupuestal y una favorabilidad del 36 % al finalizar su mandato, según la medición de Invamer Gallup.
Por eso voté –y apoyé– a Rodolfo Hernández, exalcalde de Bucaramanga que terminó su gestión con una aprobación del 84 %, según la encuesta de Guarumo en aquel momento. Pendenciero y buscapleitos que también incumplió muchas de sus promesas como alcalde de los bumangueses, pero que dejó saneadas las finanzas de su ciudad con un déficit de tesorería que redujo de 240.000 millones de pesos a cero.
Principal rival de Gustavo Petro que prometió acabar con la ladronera y la corrupción en el alto gobierno. Supermán anticorrupción en TikTok, pero villano en el terreno: 64 meses de prisión por celebración indebida de contratos. Condena que recibió dos años después de las elecciones a la presidencia, por un caso de corrupción protagonizado por su hijo cuando era alcalde de la capital bumanguesa.
Nunca votaría por Cepeda. Ni jamás votaría por De la Espriella. Hago parte del 21,5 % de los colombianos que nunca votaría por el heredero de Petro. Y también soy parte del 15,8% que jamás votaría por el costeño-fantoche y farolero
¿Estaríamos mejor con Rodolfo Hernández que con Gustavo Petro? ¿Nos habría ido mejor con un viejito-corrupto que con un exguerrillero en la Lista Clinton? ¿Con un amigo de los empresarios que con un enemigo de los banqueros? ¿Con un ingeniero tacaño que con un economista despiporrado? ¿Con un constructor de VIS que con un sepulturero de la vivienda de interés social? ¿Con un motilador del erario que con un multiplicador de burócratas del Estado?
No se puede llorar sobre la leche derramada y a lo hecho, pecho. Y Así como me tocó apoyar a Rodolfo Hernández porque no era capaz de votar por Gustavo Petro, ahora mismo me toca buscar por quién diablos votar en estas elecciones porque no lo haría nunca ni por Cepeda ni por De La Espriella.
Lo que me empuja a votar en las consultas interpartidistas del próximo domingo 8 de marzo, y me obliga a unirme a los 10 millones de votantes que pedirán el tarjetón para elegir candidato a la primera vuelta. He pensado en votar por Mauricio Cárdenas, de la Gran Consulta por Colombia, por estar más preparado que un kumis y ser el más indicado para tomar el timonel económico, tras la gravísima situación fiscal en la que queda el país.
Pero las encuestas demuestran que ya no estamos para votar por el mejor, sino por los más opcionados para frenar a los extremos que puntean la carrera. Ahora no sé si votar por Claudia, por Paloma o por Roy Barreras. La primera, porque me gusta. La segunda, para intentar frenar a De La Espriella. Y por el camaleón de Roy, para dañarle el camino a Cepeda.
PAOLA OCHOA
En X: @PaolaOchoaAmaya
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