Se apaga la llama de la libertad de cátedra
En 1932, Albert Einstein salió de Alemania para jamás volver. En calidad de judío, no tuvo alternativa cuando se oficializó que nadie de su religión podía ser docente universitario en ese país durante el régimen nazi. Una vez en EE. UU. no cesó nunca de ayudar a colegas en riesgo, para que otras instituciones universitarias los adoptaran y así pudieran irse también de Alemania a continuar de forma segura con sus investigaciones y su docencia. Ya en EE. UU., Einstein fue testigo de la horrenda segregación que se ejercía allí contra los afroamericanos, los puertorriqueños y mexicanos, cosa que criticó abiertamente. No sobra mencionar que la gran inspiración del régimen nazi fue el sistema de segregación racial estadounidense, muy a pesar de lo que Indiana Jones y la propaganda de Hollywood quieran hacernos creer.
Esa voz valerosa del científico de melena blanca aún resuena en las aulas y retumba con fuerza, en particular ahora que es EE. UU. el que tiene a su academia........
