La descentralización fue asfixiada
La Constitución de 1991 consagró la descentralización como base del desarrollo regional. Treinta y cinco años después, ese mandato se diluyó frente a un centralismo persistente. El gobierno que termina no solo no lo revirtió: lo radicalizó. Fue el más centralista de las últimas décadas. Cuando un alcalde o gobernador no compartía su visión, la respuesta no fue el diálogo institucional, sino el bloqueo presupuestal y el ataque político.
El impacto económico de ese centralismo es devastador. Es un modelo que extrae valor de las regiones y lo redistribuye con criterios políticos, no técnicos. Proyectos estratégicos se dilatan o se cancelan cuando el gobernante local no se alinea; recursos que deberían generar empleo, turismo y competitividad se convierten en instrumentos de retaliación. El país pierde crecimiento, las regiones pierden autonomía y el Estado termina asfixiando a quienes más aportan.
El patrón fue sistemático. A Barranquilla le negó el respaldo para los........
