Ahora lo difícil: gobernar
Tres semanas después de las elecciones, en Perú no saben quién será su presidente. Aquí, una hora después, sí. La ventaja entre los candidatos aquí es seis veces mayor que allá. El daño institucional que pretendían las reiteradas declaraciones de Petro rechazando los resultados que no le gustan, no logró consolidarse. Afuera, todo tranquilo.
El presidente electo, con menos tono de campaña, se ha dedicado a conocer en detalle los asuntos apremiantes y a compartirlos con José Manuel Restrepo y su todavía no publicado equipo de gobierno. La posesión es en cinco semanas y la coalición de congreso ya se cocina en bajo.
La agenda es pesada.
Fortalecer la fuerza pública no se logra automáticamente. Requiere un plan revisado con ojo crítico por quienes sepan y tengan experiencia. También, medidas fiscales que compitan con las urgentes y abultadas en salud, regiones, infraestructura y electricidad. Hay que presentar resultados rápido. Uribe lo logró desde el 8 de agosto de 2002 con las caravanas, montadas sobre las mejoras militares de Pastrana. Hoy no es el caso.
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