Elogio del mal genio
Solo una vez en la vida vi a Germán Vargas Lleras y me impresionó mucho un rasgo de su personalidad que quizás pocos conozcan y es que era un lector voraz, pero como loco, de libros marítimos, en especial ese género inagotable de las novelas históricas sobre la vida en los barcos durante la Revolución francesa y la Europa napoleónica. Yo no lo podía creer y así se lo dije, y le pregunté que por qué no explotaba más esa pasión de cara a su electorado.
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Me respondió con ese tono que tenía que era a la vez de gamín bogotano y hombre de club (que es la versión ya más profunda y absoluta del acento cachaco: una mezcla sin problemas entre el habla del ‘Chinche’ y la del ‘Doctor Pardito’), me respondió Vargas Lleras: “Cómo se le ocurre que voy a estar diciendo eso: donde la gente sepa que yo leo, ahí sí que nadie vota por mí...”. Un argumento irrebatible que me hizo apreciarlo y admirarlo aún más.
Ya sus amigos y sus seguidores (y también sus enemigos,........
