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Numeral, cállate papá

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22.03.2026

Somos muchos los papás que alguna vez pensamos que nuestros hijos iban a ser ejemplares. Hijos que, ante la embestida de la tecnología, la sortearían con inteligencia. En vez de pedir un iPhone como regalo, optarían por un libro –de García Márquez, por supuesto–. En vez de estar pensando en fiestas de colegio a los 14 años, estarían jugando con carritos y Barbies, desarrollando sus aptitudes de manera pausada, como en nuestra época.

Pero claro, algo se torció. El idilio papá-hijos que imaginábamos se convirtió en una guerra sin cuartel. Ante el menor comentario, uno pasa de ser padre a potencial denunciado ante el ICBF. Numeral, ¿papá, de qué estás hablando?, nos dicen cada vez que abrimos la boca. Porque para ellos todo lo que decimos son pendejadas. Numeral, qué oso papá.

Vayamos por partes de este suplicio. Ni a Sísifo le tocó tan duro. La generación Z no pide: ordena. Y ordena mientras enrolla los ojos, haciéndolo sentir a uno como el más perfecto idiota. No seas un ‘six seveeeeen’. No sé qué significa eso ni por qué lo dicen moviendo los brazos como si les fuera a dar un calambre. Pero ya entendí: el problema no es el término. El problema soy yo.

Numeral ni se te ocurra recogerme. Claro, ahora tampoco se puede ir al colegio a buscarlos. Quién sabe en qué negocio turbio andan. Eso sí, si uno va, lo que encuentra es a decenas de estudiantes mirando sus celulares, y no precisamente devorándose un libro de Salman Rushdie. Ni deben saber quién es. ¿Qué hacen?, pregunta uno, ingenuo. ‘Hashtag’, usando Snapchat.

Uno, en un acto de autoridad tardía, decide revisar el celular. Error. Entro a la cuenta de Snapchat de una de mis hijas y confirmo lo evidente: no entiendo nada. Es un sistema diseñado para que los papás no sepamos qué está pasando. Un mundo paralelo en el que uno es, oficialmente, un ‘six seven’.

He compartido mis angustias con otros papás y el panorama es desolador. Todos están medicados con Lexapro, Prozac, Paxil y Zoloft. Algunos tienen ojeras. Otros ya están considerando internar a sus hijos en algún colegio en la mitad de la nada a ver si algo cambia. Yo, más bien, me pregunto si será viable una intervención al estilo de Alex DeLarge en ‘La naranja mecánica’.

La tecnología no los dañó. Solo los volvió más rápidos para ignorarnos. Son brillantes tecleando, pero torpes con cualquier cosa que no tenga pantalla. Agarrar una raqueta de tenis parece una hazaña. Uno intenta conectar: ¿qué tal les parece Cepeda?, les pregunta, con la ingenuidad intacta. Uy, es un bacán. Tiene unas canciones muy ‘cool’, responden. Numeral, papá, qué oso eres.

Qué tiempos aquellos en los que uno miraba con admiración a los papás y abuelos. Ese era el plan del fin de semana, querer estar con ellos y los tíos. Ahí no había celulares, ni Snapchat ni ese idioma incomprensible del ‘six seeeveen’. En nuestra época, la mayor maldad era tomarse una coca-cola a escondidas. Hoy piden plata para un vapeador. Libertad, le dicen.

Numeral, siempre te ganamos la batalla, papá, nos dicen estos insolentes, mientras caminan jorobados, arrastrando los pies y con una curiosa alergia al agua. Que porque el planeta se está quedando sin recursos. Pero si lleva lloviendo seis meses. ¿Son bobos o qué? ¿No vieron cómo se inundó medio país? Numeral, cállate papá.

Y, sin embargo, no queda más remedio que amarlos. Algunos incluso hemos tenido la fortuna de no tener ‘therians’ en casa. No todo está perdido. Confío en que, con los años, se conviertan en esos hijos de bien que uno imaginó. Sé que otros papás también esperan lo mismo.

Pero no olviden algo, queridos hijos: somos los que pagamos el internet, además de la comida y el techo.

Habrán ganado muchas batallas. Pero la guerra, no. La venganza será dulce. No lo olviden. Atentamente: ‘six seeeeven’.

DIEGO SANTOS

Analista digital

En X: @DiegoASantos

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