Me volví un idiota
Tengo gato en contra de mi voluntad y ahora no puedo ni dormir sin él. Antes creía que quien dependía emocionalmente de un animal era un idiota, y ahora que estoy en dicha posición puedo confirmarlo: los dueños de mascotas somos, en efecto, unos idiotas.
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Es que son bellas, terapéuticas, entretenidas; tan insignificantes, pero a la vez tan importantes, tan poderosas. Mi gato es un imbécil que se cae solo, se asusta con su propia sombra y, en caso de perderse, no duraría ni media cuadra porque lo atropellaría un carro o se iría con el primero que le tendiera la mano. No tiene ni la más remota idea de lo que es el mundo y al mismo tiempo es el centro de este; sin él, nada tendría sentido.
Sin embargo, luego de haber estado tres décadas sin mascota, me llama la atención la forma en que ha cambiado el hecho de tener un animal en casa. En la mía tuvimos perros y gatos, muchas veces varios al mismo tiempo, y nunca se compró una correa ni un juguete, tampoco una cama especial para........
