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La guerra de EEUU contra el pistacho iraní

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10.05.2026

Análisis La guerra de EEUU contra el pistacho iraní

La guerra de EEUU e Israel contra Irán se ha diseñado para paralizar a la sociedad iraní: escuelas, hospitales, bloques de viviendas, aeropuertos y toda infraestructura de importancia a la hora de la verdad. Hace unas semanas la campaña de bombardeos tuvo un giro (para algunos) inesperado cuando Israel y EEUU atacaron un depósito de pistachos en la provincia de Kerman, el centro de la industria del pistacho del país. ¿Fue este ataque contra un depósito de pistachos algo hecho a propósito? A quien haya seguido mi trabajo o visto el documental Pistachio Wars no le cogerá por sorpresa. El lobby del pistacho en California es uno más de los intereses empresariales que está trabajando para que la política exterior estadounidense siga siendo agresiva y asesina.

La industria del pistacho estadounidense depende de la destrucción de Irán. En 2013 escribí A Journey Through Oligarch Valley, una guía de viaje para el turista misántropo que quiera explorar el lado oscuro de California más que los destinos aburridos más habituales, como el Golden Gate o Yosemite. Uno de los capítulos trata de Lynda y Stewart Resnick, el matrimonio de Beverly Hills que ha convertido a California en el centro mundial de la producción de pistachos y se ha enriquecido en el proceso, y que ha estado invirtiendo el dinero para que esta guerra contra Irán fuese una realidad.

Los Resnick (salida 253)

Conduciendo en dirección norte a velocidades propias de Nascar me lleva al hogar de uno de los últimos y más curiosos terratenientes del Valle de los Oligarcas: los multimillonarios del agribusiness Lynda y Stewart Resnick en Beverly Hills. Puede que no reconozcáis su nombre, pero habréis visto las botellas de lujo Fiji Water en vuestro 7-Eleven, o quizá hayáis visto a Levi Johnson, la oveja negra de la familia Palin, promocionar los pistachos de Paramount, la marca de los Resnick, en televisión. Seguro que algunos habéis comido naranjas de Sunkist, que son suyas.

El agua de Fiji Water viene de Fiji, como todo lo demás que los Resnicks venden viene de este valle, en el que poseen cientos de hectáreas de terreno. Buena parte de su imperio se encuentra a un lado y el otro de la autovía 33, al norte de Taft y justo al lado de la gasolinera en la que James Dean se detuvo para tomar un refresco de cola antes de empotrar su Porsche de carreras tuneado en el Ford Tudor de un desdichado estudiante universitario.

La viabilidad económica de estas tierras pistacheras depende de mantener el bloqueo económico a Irán de manera permanente

Los Resnick compraron estos terrenos a Mobil y Chevron décadas atrás y transformaron un desierto manchado de petróleo en exuberantes cultivos repletos, a lo largo de cientos de kilómetros, del verde de los almendros y las pistacias. Los árboles están plantados con una precisión futurista: una cuadrícula perfecta hasta donde alcanza la vista, cuyas hileras interminables se extienden más allá del horizonte. En el centro se alza una gigantesca factoría con hileras e hileras de brillantes silos metálicos donde la compañía prepara, empaqueta y distribuye los alimentos.

La dimensión de esta granja nubla el sentido. Es un asentamiento autosuficiente que tiene su propio aeródromo. ¿Cómo, si no, van a desplazarse los oligarcas de este valle? Y esta extensión agrícola no es más que una pequeña parte de un agribusiness diversificado por todo el globo que genera tres mil millones de dólares al año en beneficios. Ahora viene lo bueno: la viabilidad económica de estas tierras depende de mantener el bloqueo económico a Irán de manera permanente. Depende tanto de ello que los Resnick han unido fuerzas con rabiosos neocon y derechistas duros, fundado think tanks y lobbies que magnifican la amenaza iraní y promueven la guerra.

Descubrí a los Resnick cuando empecé a investigar el sistema público de agua, dominado por los multimillonarios de California. La familia de este Valle de los Oligarcas que ganó con facilidad 74 millones de dólares vendiendo agua al suburbio de Victorville, en el desierto, estaba conectada a los Resnick. Ambas familias poseen acciones en el Kern County Water Bank, un acuífero natural en el extremo meridional de Central Valley que ha sido convertido en un depósito de agua privatizado.

El banco de agua fue diseñado por el Departamento de Recursos Hídricos de California para funcionar como una reserva de emergencia. En años de lluvia recogería el exceso de agua procedente del acueducto del norte de California y mantendría suficiente agua como para abastecer a Los Angeles durante casi dos años en caso de sequía prolongada.

A la hora de la verdad los Resnick dominaban y controlaban el banco de agua hasta tal punto que se convirtió de facto en una extensión de su agribusiness privado

Este banco hídrico supuestamente debía servir como último recurso para proteger a los usuarios de las ciudades. Pero en 1995 los burócratas de California retorcieron un par de arcanas regulaciones del agua y entregaron el banco a un puñado de terratenientes del valle. Una vez el agua entraba en el banco, dejaba de ser un bien público: a partir de ese momento el propietario podía venderla a quien pujase más por ella. “Lo que significa que se convirtieron en intermediarios que se beneficiaban del agua suministrada públicamente”, informaba el periódico Searchlight, “si así lo decidían, podían dejar sin agua a grandes superficies de terreno agrícola productivo y enviar el agua a los municipios al sur del Tehachapi.”

El arquitecto de este sistema fue Stewart Resnick, quien emergió como accionista mayoritario del nuevo Kern County Water Bank. A la hora de la verdad los Resnick dominaban y controlaban el banco de agua hasta tal punto que se convirtió de facto en una extensión de su agribusiness privado, y lo dirigían desde unas oficinas cerca de Bakersfield, California.

El esquema de Resnick hizo mucho más que privatizar una infraestructura pública: creó un marco legal novedoso que proporcionó a los granjeros del Valle de los Oligarcas el poder para crear agua de la nada. Resnick creó los llamados “títulos de agua”. Como los valores que respaldaban las hipotecas subprime y otros instrumentos exóticos de deuda fabulados por Wall Street, los “títulos de agua” estaban construidos sobre la pura fantasía y el fraude fiscal innovador. El hecho era que la mitad de los “títulos de agua” de California, agua para venderse, comprarse y comerciarse con ella en el mercado, simplemente no existía, y nunca lo había hecho. Suena como una locura, pero es verdad.

Todo está relacionado con el Proyecto Hídrico del Estado de California comenzado por el gobernador Pat Brown. El proyecto estaba compuesto por varias presas, acueductos y bombas de agua para extraer agua desde California septentrional y enviarla a través del valle hasta California meridional. Cuando el sistema comenzó a construirse en los sesenta, el Estado entregó derechos hídricos garantizados a los granjeros del valle. Estas obligaciones contractuales no estaban basadas en la realidad, sino usando la capacidad estimada del sistema de distribución del agua estatal cuando estuviese terminado del todo. Y ése era el problema: el proyecto nunca se terminó. Se ha intentado varias veces engatusar........

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