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¿Es anarcocapitalista la agenda económica de Milei?

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29.01.2026


La motosierra, como metáfora de la voluntad de desmantelamiento de un sector público considerado ineficiente, autoritario y despilfarrador, se ha impuesto hoy en día como una de las imágenes más poderosas de los vientos reaccionarios que recorren el mundo bajo la defensa a ultranza del capitalismo, el emprendedurismo y el individualismo.

Se insiste así en un relato de libertad de empresa –¡carajo!–, propiedad privada y desregulación, que pone en la diana las dinámicas redistributivas, de protección popular y relativo coto al poder corporativo que las instituciones pudieran impulsar. Capitalismo salvaje, darwinismo social y apuntalamiento de asimetrías y desigualdades como imaginario disruptivo para un mundo convulso.

Pero hay quien incluso va más allá. Frente a la evidencia generalizada del regreso del Estado como actor económico y geopolítico de primer orden –fundamentalmente en favor de los intereses y privilegios de sus élites–, ciertos espacios políticos recuperan postulados “libertarios” y anarcocapitalistas que abundan en un horizonte de dispersión y desaparición del poder estatal.

Se asume de esta manera lo público como “maquinaria sistemática de robo”, abanderando en consecuencia una agenda que apuesta por la privatización incluso de las funciones más básicas del Estado (justicia, política monetaria, etc.), el desarrollo de experiencias de gobierno de facto de las empresas (como el caso de las ZEDE en Honduras) y la autonomización de la dinámica de acumulación capitalista respecto de la contienda política (eliminando toda traba democrática que impida las lógicas de explotación y expropiación). En coherencia, y de manera complementaria, el anarcocapitalismo se sitúa también frente a la habitual captura corporativa de las rentas del Estado –asumiendo que este no debería tener rol económico alguno–, así como de aventuras imperialistas que amplían el poder del Estado hegemónico.

Javier Milei, presidente de la República Argentina desde diciembre de 2023, ha mostrado explícitamente sus simpatías por este paradigma del capitalismo libertario. Además de situar al estadounidense Murray Rothbard, principal figura del anarcocapitalismo, como una de sus referencias, comenzó la legislatura planteando medidas como la dolarización de la economía y el cierre del Banco Central que, por su radicalidad, se situarían dentro de esta senda teórico-política.


Ahora bien, tras dos años de gobierno, ¿cuál es el proyecto económico de Milei realmente existente? ¿Podemos considerarlo anarcocapitalista? ¿Es, por el contrario, solo otro ajuste ortodoxo más? ¿O va más allá? ¿Qué impactos ecosociales está generando? ¿Qué futuro ofrece para la sociedad argentina? Estas son algunas de las preguntas que han guiado la redacción del informe El proyecto económico de Milei. ¿Qué hay más allá del relato libertario y anarcocapitalista?, que trata de diseccionar, caracterizar y evaluar la agenda económica de La Libertad Avanza (LLA), fuerza política generada en torno a la figura de Javier Milei.

En el presente artículo sintetizaremos algunas de las principales conclusiones del informe, centrándonos específicamente en la caracterización de la naturaleza del proyecto económico de Milei, así como en los graves riesgos que su avance conlleva.

La agenda económica de LLA supone indudablemente un ajuste ortodoxo dentro de la secuencia que se viene repitiendo en la historia reciente del país, desde Martínez de la Hoz en la última dictadura (1976-1983) hasta Milei, pasando por Menem (1989-1999) y Macri (2015-2019).

Podemos en este sentido identificar lugares comunes en un discurso que, adaptado por supuesto a cada coyuntura, los vincula a partir de la necesidad de “reorganizar” Argentina frente al hipotético desastre generado por el “enemigo interno”, bien sean fuerzas revolucionarias, sindicatos, movimientos sociales, partidos peronistas o de izquierda.

Pero no hablamos únicamente de relato, sino también y sobre todo de agenda. Todos los ajustes de la secuencia están definidos por un mismo marco general de actuación: sus objetivos, herramientas, protagonistas e impactos comparten patrones similares.

Se apunta de esta manera a una estrategia cuyas metas se sitúan en el equilibrio macroeconómico, la jibarización de las capacidades públicas, el disciplinamiento de la clase trabajadora y la apertura exterior como vías para aumentar la tasa y la masa de ganancia corporativa.

Bajo este horizonte, se ha desplegado durante la primera parte de la legislatura (2023-2025) una amplia gama de medidas económicas, dentro de las cuales destacan el durísimo ajuste fiscal realizado –el gasto público primario ha caído un 40% desde 2023–; la preparación de una nueva oleada de privatizaciones a través de la conversión de más de una decena de empresas estatales en sociedades anónimas; la propuesta de una reforma laboral que pretende reducir los aportes patronales y abaratar el despido, flexibilizar la jornada, imponer salarios dinámicos en función de la productividad, priorizar los convenios de empresa y dificultar el ejercicio del derecho de huelga; y, especialmente, el aumento exponencial del endeudamiento externo como cobertura financiera del ajuste: nuevos créditos por encima de los 37.000 millones de dólares con el FMI como el prestamista más destacado, mientras los compromisos de cambio de divisas ascienden a 25.000 millones más (en un 80% dependientes del Tesoro de EEUU).

Este es el pack económico habitual –aunque el ajuste fiscal es inédito en su dureza, así como el relato anti-redistribución y anti-protección social que lo acompaña– que, por el momento, ha conseguido contener la inflación en un 30% mensual y equilibrar el tipo de cambio en torno a 1.500 pesos por dólar.

A costa, en todo caso, de la recesión: el........

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