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Ceuta y Marruecos: silencios, presiones y todo lo que tendría que cambiar para que nada cambie

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01.08.2026

El mayor pecado que se puede cometer al analizar un asunto del calado de la situación que se está viviendo estos días en Ceuta es el reduccionismo. Es imprescindible contemplar lo de esta semana como un terrario geopolítico en miniatura: el Gobierno de España ha hecho sus cuentas y aproximadamente 50.000 personas han entrado a la ciudad autónoma de Ceuta desde Marruecos esta semana en el marco de múltiples factores políticos y sociales tanto españoles, como marroquíes, como internacionales. La respuesta del Gobierno de España se ha centrado en tachar lo ocurrido de ataque a la soberanía territorial española, lo cual es acertado, pero pasa por alto muchas otras condiciones de las que merece la pena hablar. Por su parte, Partido Popular y Vox se han apresurado, como era de esperar, a atacar al Ejecutivo central y exigirle que tome medidas, pero no han pronunciado una sola palabra al respecto de la responsabilidad de Marruecos (y, ni mucho menos, de la que tiene el marco que está de fondo en todos los problemas contemporáneos) ante lo ocurrido. Ambas cosas, evidentemente, tienen una explicación.

Lo ocurrido en la ciudad autónoma ceutí puede, y debe, leerse desde varios prismas. El primero y más importante de ellos, desde el humanitario: las 50.000 personas que han cruzado la frontera son precisamente eso, personas, y cualquier decisión que se tome ante ellas debe tener los derechos humanos en el centro de la conversación, máxime cuando varias decenas de ellas han fallecido en el paso fronterizo durante la semana. El segundo, desde el materialismo histórico y el análisis de los flujos migratorios en las sociedades poscoloniales: Marruecos es una autarquía teocrática en la que la precariedad de la población joven alcanza registros muy complicados de justificar, con un paro juvenil del 22%. La falta de oportunidades vitales en los países en vías de desarrollo o en situación de expansión económica es una consecuencia directa de la organización económica mundial vertical, que se acentúa especialmente en aquellos lugares que otrora fueron colonias, en este caso de Francia y España de manera conjunta hasta 1956. Esta combinación de factores da lugar a un caldo de cultivo en el que se generan flujos migratorios naturales o, al menos, explicables desde las gafas del marxismo. Dicho esto, la pregunta que corresponde hacerse es: ¿es el de esta semana un flujo migratorio natural?

La respuesta es sí y no al mismo tiempo. Por un lado, las dificultades económicas que pasa buena parte de la población en Marruecos son innegables y la población más vulnerable va a buscar alternativas para sobrevivir, siendo la última y más desesperada la de jugarse la vida cruzando una frontera sin certeza alguna. Esto correspondería a un flujo migratorio explicable a través de las gafas del párrafo anterior. Pero es ahora cuando entra en juego el tercer prisma: el geopolítico. Las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos no son buenas, y Rabat es, además, el principal aliado de Estados Unidos e Israel en el norte de África. La monarquía de Mohammed VI proyecta en las pantallas del palacio el 'gran Marruecos', en el que se anexionan definitivamente los territorios saharauis ocupados y controlan las ciudades de Ceuta y Melilla. En la persecución de esa ambición territorial, que choca con los intereses y la posición españolas, cualquier movimiento de España que desagrade al monarca marroquí es una oportunidad de oro para desgastar a Madrid. ¿Cómo? De la misma manera que se ha hecho en ocasiones anteriores: utilizando a personas vulnerables como arma política, reduciendo la vigilancia en la frontera e incentivando cruces masivos de personas como el de esta semana. Por ello, ¿es natural este flujo migratorio? No, en el sentido de que haber levantado la verja y provocar el caos en una ciudad autónoma española tiene intenciones políticas, y sí, en el sentido de que las personas que han cruzado no tienen, en muchos casos, otra alternativa para sobrevivir que intentar jugarse la vida en una tierra desconocida.

Las intenciones expansionistas de Marruecos son, además, vistas con buenos ojos desde Washington y desde Tel Aviv. Es el mismo principio de política exterior por el que se rigen estas dos naciones, enumerables los casos de Palestina en el caso de Israel y de la injerencia internacional en cualquier nación del planeta que le busque las cosquillas al........

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