Memorias de lector en el Día del Libro
Al rememorar el inicio de esta aventura, me visualizo con apenas cuatro o cinco años tendido sobre la inmensa cama de mis padres, empeñado en la tarea de descifrar la arquitectura de las palabras impresas.
Movido por la impaciencia infantil, me autoimpuse el ejercicio de dibujar en un cuaderno cada palabra y frase hallada en aquel texto legendario.
Esa ambición era alimentada por las lecciones en la “Escuelita de la señorita María”, una pequeña casa de barrio donde una veintena de niños recibíamos instrucción en primeras letras.
La directora era una mujer septuagenaria de cabello cano, rostro pálido marcado por arrugas rigurosas y una dolorosa ausencia de sonrisa.
A pesar de su........
