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Soy de Ceuta y esto es lo que he vivido tras el salto masivo: así cambia una ciudad cuando 72.000 personas llegan de golpe

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16.08.2026

Soy de Ceuta y esto es lo que he vivido tras el salto masivo: así cambia una ciudad cuando 72.000 personas llegan de golpe

Hacer la compra bajo vigilancia militar y sortear controles para ir a la playa son algunas de las escenas que se repiten desde el 30 de julio: mientras tanto la normalidad intenta abrirse paso

Así vive Ceuta las últimas horas de la crisis migratoria.

Lucía Feijoo Viera / PI STUDIO

El padre de Wiam quería abusar de ella. Por eso, huyó. Ahmed, en cambio, lo hizo para cumplir un sueño: ser mecánico. Amir y Noor son hermanos y quieren trabajar en Alemania. Mientras que Yousef sólo aspira a estar tranquilo. Son cinco de las 72.000 almas que sortearon la frontera de Ceuta el 30 de julio. Siguen aquí, preocupados y expectantes. Esperando un milagro. Unos se refugian en el puerto. Y otros merodean por el centro. Según Juan Jesús Vivas, su alcalde, aún hay entre 8.000 y 10.000 personas sin identificar. Una cifra difícil de concretar y que, en cualquier momento, ojo, podría aumentar de darse otro salto masivo. De hecho, había uno previsto para este sábado. Ya me habían advertido que la ciudad había cambiado y que cierto miedo, claro, había tomado sus calles. Sin duda, impresiona hacer la compra con un contingente militar vigilándote. O sortear furgonetas de la Policía Nacional para ir a la playa. Pero basta escuchar las historias de Wiam y compañía para darse cuenta de que, cuando tu país te humilla y te abandona, tal vez, nosotros hubiéramos hecho lo mismo. Vivo fuera de Ceuta desde los 18 años y, siempre que regreso, me recibe un pueblo solidario, dispuesto a tender la mano. Y, esta vez, pese al puñetazo que le han propinado, ha vuelto a pasarme.

Entiendo lo que denuncian los vecinos desde hace 17 días: inseguridad, desconfianza, frustración, cansancio, pesimismo… Sin embargo, es habitual ver los gestos de complicidad que tienen con los migrantes: desde comprarles comida hasta darles ropa. La mayoría te responde emocionado, llevándose la mano al pecho. No hablan español, pero han aprendido a comunicarse desde el corazón. Hay excepciones, por supuesto: gente que roba, pelea, trafica, ocupa e insulta, pero son una minoría. La convivencia es compleja. Sobre todo, cuando afecta a tus rutinas: a nadie le gusta ver a niños pidiendo en un supermercado, negar dinero a quien sólo quiere comprar agua, presenciar trifulcas por un lugar donde dormir, despertar a quien está recostado a las puertas de tu negocio… De ahí que, a pesar de la generosidad que define a los caballas, cierto rechazo está instaurándose.

Varias personas se asean en las duchas públicas que se han instalado en la playa del Trampolín. / EUROPA PRESS

No es la primera vez que Ceuta se enfrenta a un escenario........

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