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Barcelona prepara el desalojo del último asentamiento de la Sagrera: "Llevo 15 años aquí, no sé que voy a hacer"

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12.04.2026

Frente a las obras de la estación

Barcelona prepara el desalojo del último asentamiento de la Sagrera: "Llevo 15 años aquí, no sé que voy a hacer"

Casi 400 personas sin hogar han sido expulsadas del lugar en el que dormían en Barcelona en poco más de medio año, de las 2.000 personas que pernoctan en espacios públicos

Tras desahuciar las barracas junto al puente del Treball Digne, el ayuntamiento prevé expulsar a un centenar de personas que malviven frente a la antigua estación de mercancías, que ya está siendo derribada

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Barcelona ultima el desalojo del asentamiento de la antigua estación de la Sagrera

Imágenes del asentamiento del barrio de La Sagrera / MANU MITRU / EPC

El Ayuntamiento de Barcelona prevé en las próximas semanas derribar el último asentamiento de barracas que se mantiene en pie en el entorno de las obras de la futura estación de la Sagrera. En concreto, son tres núcleos chabolistas que sobreviven delante de la antigua estación de mercancías, que los operarios de Adif derriban esta semana para dejar espacio al nuevo ‘hub’ ferroviario del norte de la capital catalana. Cerca de un centenar de personas malviven allí en casas improvisadas que empezaron a levantarse hace más de 15 años.

Las personas que han construido su vida en este punto del distrito de Sant Andreu recibieron hace poco más de una semana una notificación del consistorio que les daba de margen 48 horas para abandonar el asentamiento voluntariamente por “carencias graves de seguridad y salubridad”. Tras el aviso, que se les entregó en mano el pasado lunes 23 de marzo –aunque su fecha marca el día 17–, solo falta que el juez autorice el desalojo para realizar una operación parecida a la que se llevó a cabo el pasado miércoles 25 de marzo a unos 300 metros de allí, en las barracas del puente del Treball Digne. En esa ocasión, y ante un amplio dispositivo de Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra, se echó de las chabolas a 126 personas con el argumento de que, tres días atrás, había habido un pequeño incendio que ponía en riesgo la seguridad de los asentados.  

Uno de los hombres que vive en las barracas frente a la antigua estación, en la habitación que ha improvisado / MANU MITRU / EPC

Es el mismo argumento con el que la administración municipal empezó a desmantelar el pasado octubre los demás asentamientos de la zona. Tras un fuego que dejó dos heridos en las barracas que había entre las calles de Felip II y Huelva, el ayuntamiento expulsó a los que allí vivían y también a otro núcleo de personas que se refugiaban directamente bajo el puente de Calatrava.

En este segundo punto vivió durante algo más de un año Alí. Es el nombre ficticio que ha escogido para sí mismo un joven marroquí que prefiere no ser identificado. “No me importa hablar con vosotros, pero no quiero que mi familia sepa donde estoy”, dice este joven, programador informático de formación, que recuerda con algo de tristeza cómo fue la expulsión de su antigua barraca.

Una de las personas que malvive junto a la antigua estación de La Sagrera muestra la notificación de desalojo enviada por el Ayuntamiento de Barcelona / MANU MITRU / EPC

“Vi cómo el policía pegaba a mi perro sin que le hubiera hecho nada”, denuncia desde uno de los asentamientos frente a la antigua estación de mercancías. En un pequeño rincón, Alí malvive allí con cerca de 15 personas. Son todos de nacionalidad marroquí y se encuentran en situación irregular. Algunos de ellos llegaron a Barcelona junto a Alí tras entrar en Europa con ayuda de un traficante de personas a través de Turquía.

“Volamos hasta allí y después fuimos cambiando buses y trenes por Bulgaria, Serbia, Eslovenia, Italia, Francia y al final España”, resume. Barcelona no era su destino final. “Simplemente queríamos salir de Marruecos, allí aunque estudies, el trabajo no te da para vivir”, declara Alí, que habla por muchas de las personas que conviven con él en el asentamiento. “Yo había hecho dos años de la carrera cuando tuve que irme de Marruecos”, explica otro de los allí presentes, que tampoco quiere ser identificado.

Si eligieron España es porque creyeron que aquí era más fácil conseguir regularizar su situación. “En otros sitios es imposible”, resume Alí, que a pesar de las promesas también se ha topado en Catalunya con un imponente muro burocrático. “Me piden trabajar para poder tener papeles, pero sin papeles no puedo trabajar”, lamenta. Se trata de un mantra constante entre las personas que hacen noche en las calles y asentamientos de Barcelona.

Hasta ahora, tanto Alí como sus compañeros en las barracas han subsistido a base de alquilar cuentas en aplicaciones de reparto de comida. Es decir, trabajaban de 'riders' extraoficiales. Con lo que ganaban han podido apañarse habitaciones dentro de las barracas. Tienen cama, espejos, cocinas improvisadas con butano –uno de los peligros potenciales de incendio señalados por los Bomberos en estos casos– y hasta espacio para guardar los coches de algunos amigos o familiares para que no les cobren zona verde o zona azul.

Vista global del asentamiento donde Ali y sus compañeros viven, junto a la antigua estación de La Sagrera / MANU MITRU / EPC

Ahora, temen perder los pocos enseres que han podido reunir cuando se produzca el desalojo. “Es que no sé lo que voy a hacer, no tengo dónde ir”, lamenta Alí, que solo tiene una cosa segura. “En nada dejaré a Max [su perro] en casa de mi novia, no quiero que le pase nada”, explica.

Muy cerca del núcleo de Alí, en un asentamiento más grande, cerca de 80 personas también ven con preocupación la situación. Sus chabolas llevan allí aposentadas otros 15 años. Flavio llegó allí con 16 años, desde Rumanía. Se instaló con su familia en el entonces incipiente núcleo de chabolas. Ahora, una década y media más tarde, ha vuelto allí para poder ayudar a su padre, que sigue instalado en la Sagrera, cuando se produzca el desalojo.

“No entiendo por qué lo hacen. Si aquí creen que tienen lío y nos echan sin alternativa, el lío se va a otro lado”, resume Flavio, que sigue sin domicilio fijo y vive “en un local” que paga con lo que saca revendiendo chatarra.

Flavio, con el carro con el que recoge chatarra. Ha vivido 15 años en el asentamiento que será desalojado próximamente en La Sagrera. / MANU MITRU / EPC

Para Flavio, tiene sentido que el asentamiento esté en ese punto de Sant Andreu. “Aquí no molestamos a nadie, solo hay obras”, dice, mientras señala los trabajos para la construcción de la nueva estación de la Sagrera. De momento, según apuntan fuentes municipales, del centenar de personas que viven en estos asentamientos, el ayuntamiento ha contactado con unas 60, de las cuales 32 han querido recibir la atención de los servicios sociales. Entre los cinco núcleos de chabolas viven cuatro menores, todos ellos en seguimiento.

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Las reflexiones de Flavio y Alí las compartían algunas de las personas sin techo que acampaban en la calle número 2 de la Zona Franca, y que ahora están desperdigadas por otros parterres del polígono industrial. Cerca de 175 personas, según recontó el ayuntamiento –entre 200 y 250 según los propios acampados y entidades sociales– fueron obligadas en una noche a recoger sus cosas y marcharse. A este desalojo, y a los de la Sagrera, se le suma el que se produjo en octubre del año pasado en el parque de Joan Miró. En total, casi 400 personas sin hogar han sido expulsadas del lugar en el que dormían en Barcelona en poco más de medio año. Se calcula que cerca de 2.000 personas pernoctan actualmente en el espacio público de la capital catalana. 

El Síndic de Greuges investiga los desalojos en torno a la futura estación

El Síndic de Greuges de Catalunya ha abierto una actuación de oficio para investigar los desalojos de asentamientos de barracas en torno a la futura estación de la Sagrera. La oficina dirigida por la síndica Esther Giménez Salinas ha iniciado sus indagaciones a iniciativa propia a raíz del dispositivo en marzo pasado para desmantelar chabolas en la zona. El organismo ha reclamado un informe al Ayuntamiento de Barcelona sobre distintos aspectos de la última intervención hasta ahora en el lugar para desmantelar campamentos de infraviviendas. El Síndic pide al consistorio que concrete motivos, incidencias, personas afectadas, actuación de los servicios sociales, recursos puestos al alcance, pertenencias de los afectados y otros datos sobre el desahucio.

Una particular presentó una queja ante el órgano sobre el procedimiento y la forma en que se practicó el desalojo. La reclamación ha quedado en suspenso a la espera de que se finalice la actuación de oficio. En paralelo, el grupo municipal de Barcelona en Comú ha interpuesto ruegos y preguntas al gobierno sobre el operativo, informa Jordi Ribalaygue.

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