Funeral con honores para el Barça, eliminado por el Atlético en la Champions
Atlético - Barcelona (1-2)
Funeral con honores para el Barça, eliminado por el Atlético en la Champions
Lamine Yamal y Ferran hicieron soñar a los de Flick con un histórico levantamiento, pero los de Simeone lograron defender el 0-2 de la ida gracias a Musso y a la expulsión de Eric para alcanzar las semifinales
Lamine Yamal se queda durante la eliminación europea del Barça en el Metropolitano. / JAVIER SORIANO / AFP
Tuvo el Barça un funeral con honores en el Metropolitano porque los milagros no existen, por mucho que protagonizara un partido por momentos memorable al compás de un dios terrenal como Lamine Yamal. Pero ni el fútbol ni la fe bastaron para levantar al Atlético ese 0-2 con el que Simeone logró llevar a los suyos hasta las semifinales de la Champions. Hace 12 años que el Barcelona no reina en la Champions. Pero bien haría el barcelonismo en dar la espalda a esa sociedad que desprecia a los que no ganan, cuando el placer de verdad está en el recuerdo. En la huella en nuestra memoria.
Fue Lamine quien encendió las luces del teatro. Porque lo suyo nada tiene que ver con la pose y las gafas 'browline' de Malcolm X, sino con la convicción de trascender. Por lo pronto, ya es el mejor futbolista del mundo y a sus 18 años es capaz de arrastrar a su equipo en cualquier circunstancia y ante cualquier equipo, como si todos, aficionados y rivales, fuéramos simplemente espectadores, sin poder alguno de corromper su obra. A los 32 segundos ya había tenido que exigir al enorme Musso, que con su manopla derecha aplazó sólo un momento lo que vendría a continuación.
Porque Lamine, con los ojos en blanco, en trance, se fue a atemorizar al pobre Lenglet, hecho un flan por años que sumen sus botas. El central francés, el agujero negro que le faltó analizar a Hawking, perdió la pelota porque ni siquiera sabía qué hacer con ella con el genio de Rocafonda rondándole. Encontró un gran apoyo Lamine en Ferran, que fue quien acabó cediéndole la pelota en el 0-1. A Musso le pasaba la pelota entre las piernas mientras Lamine miraba hacia arriba en busca del marcado. Habían pasado apenas cuatro minutos.
Ese amanecer daba la razón a Flick, que buscó rebeldía juvenil en su intento de levantamiento. Apostó el técnico alemán por cuanta juventud y testosterona tenía al alcance. El trote cachazudo de Rashford y el anochecer de Lewandowski –decepcionantes recursos del ocaso– no encajaban en una apuesta sin patas de gallo en que había que priorizar el éxtasis competitivo, no la sopa boba.
Fermín, tras el golpe de Musso con la bota. / JAVIER SORIANO / AFP
Gavi jugó un partido tremendo como pivote, hasta que le abrió la ceja a Giuliano con el codo. Recibió la amarilla. Fermín, al que le quedaba mucha más sangre de la que chorreó sobre el césped del Metropolitano después de que Musso sacara la bota tras sacarle un gol, era el extremo zurdo, aunque corría por todas partes. Mientras que Olmo sabía interpretar bien su papel como enlace de Ferran, un tormento para el desnortado Lenglet.
Fue gracias a esa conexión entre Olmo y Ferran que el Barça igualó un rato la eliminatoria todavía en el minuto 24. Lenglet se quedó clavado y el valenciano ejerció de ariete de verdad con un zurdazo imposible para Musso, al que poco más se le podía pedir ante su recital de paradas. Ferran se quedó a un palmo de ser el insospechado héroe en la reanudación, pero un fuera de juego de Gavi lo impidió cuando el Barça más lo necesitaba. Ahí quizá acabara todo para los azulgrana.
El gol decisivo de Lookman
El zarpazo en la cara de Musso a Fermín –por cierto, en el área– que dejó a Flick un rato hundido desconcertó al Barça. El andaluz pudo seguir, pero el Atlético, que venía aprovechando la inteligencia de Griezmann, aprovechó ese tramo de niebla emocional para devolver la eliminatoria a su terreno.
Una vez más, Simeone sacó rédito a su plan. Ya fuera con el avance por la orilla de Llorente y centro al lado contrario a Lookman en el 1-2 (Koundé sólo pudo verle el dorsal), ya fuera con ese segundo acto en el que el Atlético defendió con orden y provocó la roja de Eric en una contra cuando Sorloth volvía a hacer lo que le venía en gana. Araujo hizo más que Rashford y Lewandowski juntos, pero cabeceó fuera cuando el tiempo se escurría.
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Haciendo caso a Poe, si existe la inmortalidad es porque, ni siquiera en la tumba, no todo se pierde. Y a este Barça nadie lo olvidará. Gane o no algún día la Champions.
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