No hace falta mirar tanto
Opinión | La suerte de besar
No hace falta mirar tanto
No hace falta mirar tanto / Freepik
Cuando mi padre comenzó a requerir mucho apoyo para casi todo, cuando solo caminaba si llevaba bastón o iba en silla de ruedas y cuando le costaba elevar la voz y utilizaba monosílabos para comunicarse, salir a dar una vuelta o a comer se convirtió en una tarea ingente. Nos sentíamos bien y cómodos en pocos lugares. Concretamente, recuerdo dos. El primero, una heladería cerca de la residencia. Allí trabajaba una mujer que siempre le ponía una bola extra de vainilla y le regalaba un par de barquillos. Mi padre se enamoró de esos dulces (y de la mujer que nos atendía). El segundo, uno de los cafés de la fundación en la que trabajo y que tiene el objetivo de ofrecer oportunidades sociales y laborales a personas con discapacidad intelectual. Era curioso, pero cuando él entraba en el local caminando poco a poco o sentándose con dificultad, nadie le observaba. Todo era natural, amable y él era un cliente más. Ese restaurante era, es y será un lugar seguro para todos, incluidos los diferentes, porque se acepta y se respeta la diversidad. Por el contrario, cuando íbamos a algún local de los que solía frecuentar antes de enfermar, la mayoría de la gente le miraba........
