Fórmula y trabajo
Cualquiera que reflexione sobre lo que significa este encuentro de Rufián y Delgado estará de acuerdo en que constituye el síntoma del final de una política, pero que no está en condiciones de ser el principio de una nueva
Delgado, Santaolalla y Rufián. / Europa Press
“Estudiar, educar, organizar”, reza la pancarta que hay detrás de mí, en el salón de actos de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Frente a nosotros, Moreno Pestaña, Marta y yo, más de trescientos estudiantes de Juventudes del Movimiento Socialista se mantienen atentos. Hablamos de Fascismo y Democracia. Nadie se mueve. Sin duda, esta juventud estudia. Las charlas tienen rigor académico. Pero también se organiza. En el medio plazo. No está dispuesta a que nadie se suba a su chepa para acabar montando una taberna. Tienen federaciones, revistas académicas y un periódico digital. Al día siguiente, ya en el campus de la Complutense, protagonizan el único acto político real contra la orientación universitaria de Ayuso, ante las noticias sobre los grotescos tipejos que tienen secuestrada la Universidad madrileña.
Sin embargo, la noticia estaba en la charla entre Delgado y Rufián. Puede que los medios filtren la realidad de forma injusta. Puede que valga más esta charla que los dos días de la Universidad Popular que reúne a miles de estudiantes generando un movimiento antifascista de fondo. Puede que eso sea menos relevante que ponerle el micrófono a un par de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas para que digan obviedades sobre la famosa charla. Puede que la rutina de los grandes medios sea una gafa demasiado estrecha para mirar la realidad. Quién sabe. Pero tomarse en serio la batalla contra los agentes de Trump en España debería prestar voz a todo elemento que vaya en la línea de combatirlos.
Creo que eso es lo que buscan Delgado y Rufián, pero una vez más los políticos españoles ponen el carro antes que los bueyes. Cualquiera que........
