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Fórmula y trabajo

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22.02.2026

Cualquiera que reflexione sobre lo que significa este encuentro de Rufián y Delgado estará de acuerdo en que constituye el síntoma del final de una política, pero que no está en condiciones de ser el principio de una nueva

Delgado, Santaolalla y Rufián. / Europa Press

“Estudiar, educar, organizar”, reza la pancarta que hay detrás de mí, en el salón de actos de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Frente a nosotros, Moreno Pestaña, Marta y yo, más de trescientos estudiantes de Juventudes del Movimiento Socialista se mantienen atentos. Hablamos de Fascismo y Democracia. Nadie se mueve. Sin duda, esta juventud estudia. Las charlas tienen rigor académico. Pero también se organiza. En el medio plazo. No está dispuesta a que nadie se suba a su chepa para acabar montando una taberna. Tienen federaciones, revistas académicas y un periódico digital. Al día siguiente, ya en el campus de la Complutense, protagonizan el único acto político real contra la orientación universitaria de Ayuso, ante las noticias sobre los grotescos tipejos que tienen secuestrada la Universidad madrileña.

Sin embargo, la noticia estaba en la charla entre Delgado y Rufián. Puede que los medios filtren la realidad de forma injusta. Puede que valga más esta charla que los dos días de la Universidad Popular que reúne a miles de estudiantes generando un movimiento antifascista de fondo. Puede que eso sea menos relevante que ponerle el micrófono a un par de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas para que digan obviedades sobre la famosa charla. Puede que la rutina de los grandes medios sea una gafa demasiado estrecha para mirar la realidad. Quién sabe. Pero tomarse en serio la batalla contra los agentes de Trump en España debería prestar voz a todo elemento que vaya en la línea de combatirlos.

Creo que eso es lo que buscan Delgado y Rufián, pero una vez más los políticos españoles ponen el carro antes que los bueyes. Cualquiera que reflexione sobre lo que significa este encuentro estará de acuerdo en que constituye el síntoma del final de una política, pero que no está en condiciones de ser el principio de una nueva. Los dos actores llegan a la conciencia de lo que piensa cualquier persona que observe la realidad. Nuestra pobreza es tal que ya es una cierta riqueza que la reconozcan políticos en activo.

Sumar estaba sostenido por la capacidad política y retórica de Errejón. Luego, el silencio

Sumar estaba sostenido por la capacidad política y retórica de Errejón. Luego, el silencio

Dejando aparte la posible interpretación del significado interno que tenga la propuesta de los dos interlocutores, la conversación, y la expectación que ha producido, presenta al menos dos cuestiones que parecen claras. Primera, la izquierda que habla castellano ha agotado la fórmula Sumar. En realidad, esta fórmula ya llegaba tocada y hundida en las elecciones pasadas, la última de las imitaciones que desde hace más de veinte años ensayó Izquierda Unida. La acabó de hundir Pablo Iglesias cuando se dio cuenta de que reducía en picado la fuerza de Podemos y recurrió a ir junto con IU, produciendo la debacle. Sumar estaba sostenido por la capacidad política y retórica de Errejón. Luego, el silencio.

Delgado es un tipo imponente y no un virtuoso en Maquiavelo, como Iglesias. Pero la fórmula de las provincias no es sino una intensificación del errejonismo, frente a la política ministerial de Mónica García. Esa fórmula resulta creíble tras un trabajo intenso en política municipal, generando tejido militante en los barrios, que era la clave real de aquella línea. Más Madrid ha preferido con Mónica el trabajo político desde el poder ministerial. Y eso es contrario no solo a la fórmula de Delgado, sino a cualquier fórmula. El mayor error de Sánchez ha sido creer que sus ministras luego podrían reciclarse en políticas locales. Eso no funciona.

Rufián es el astro de la política actual porque es divertido y candoroso. Es tan poco estudiado como Delgado, pero es arrollador en el combate por cao

Rufián es el astro de la política actual porque es divertido y candoroso. Es tan poco estudiado como Delgado, pero es arrollador en el combate por cao

Rufián es el astro de la política actual porque es divertido y candoroso. Es tan poco estudiado como Delgado, lo que se aprecia después de la primera media hora de conversación, pero es arrollador en el combate por cao. Como Delgado. Pero tiene un problema de cuya conciencia es síntoma también su propuesta. El independentismo catalán necesita un ajuste conceptual, como defendía en la columna pasada respecto del feminismo y del gobierno Sánchez. Pues solo los ciegos no ven que la amenaza actual para Cataluña, si quiere seguir siendo un actor decisivo reconocible, después de más de un milenio como entidad política propia, no es el Estado español. Cuando los promagistrados de Trump gobiernen, sabrá Cataluña lo que es una amenaza existencial. Bastará la unidad de Alianza Catalana y Vox para que un Junts reciclado barra a Esquerra por mucho tiempo. Hoy por hoy, la única posibilidad de una Cataluña con voz propia en el futuro pasa por la garantía de un gobierno español dispuesto a mantener el Estatut. Y ese no será el gobierno de Vox. Sin reconocer esto, Rufián sumará poco.

La fórmula de Delgado y Rufián, aunque va en la dirección adecuada, por ahora es una fórmula vacía

La fórmula de Delgado y Rufián, aunque va en la dirección adecuada, por ahora es una fórmula vacía

Así las cosas, Delgado y Rufián revelan los dilemas de la situación. Pero su fórmula implica un trabajo político que ellos no pueden hacer. Si ahora la cuestión se ventila en las provincias, eso es reconocer -como vengo diciendo hace tiempo- que el trabajo es en las ciudades. Eso no se improvisa. Es un trabajo lento y callado que viene de abajo y que necesita su arriba propio. No basta con que el arriba actual reconozca su impotencia. Tiene que ceder el paso al trabajo en las ciudades -y la provincia es un gran municipio-.

Si hubiera habido un trabajo previo, sería fácil que una asamblea provincial de alcaldes y concejales progresistas representativos pudiera identificar una lista única, salida del seno mismo de la tierra. Ahora no hay medios para identificar al más fuerte en cada provincia. Y sin ese trabajo, como el que lleva a cabo esa juventud universitaria socialista que se organiza en tiempo medio y largo, la fórmula de Delgado y Rufián, aunque va en la dirección adecuada, por ahora es una fórmula vacía.

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