El fracaso educativo
Opinión | Las cuentas de la vida
Aprender a leer bien debería ser casi la única prioridad de nuestro sistema educativo
Un niño lee un libro en una imagen de archivo. / Europa Press
Durante unas semanas se hablará de la catástrofe educativa. PISA, cada tres años, nos proporciona un informe tan denigrado por los terraplanistas de la pedagogía como aireado por la oposición al gobierno, sea del signo que sea. Luego se olvidará, como se olvida todo; menos el rencor.
El fracaso educativo se ha convertido en un estigma para España. Se sospecha de la inteligencia y de la cultura porque resultan irritantes y porque arrojan escasos dividendos monetarios –o, a veces, incluso negativos–. Tiene que ver con una especialización económica que potencia la mano de obra poco cualificada y que ahora, además, se ve asaltada por un triple proceso de disolución del mercado laboral: la globalización, la robótica y la IA. Pero no se trata sólo de la economía o de su cartografía social, como tampoco del buenismo educativo en sus múltiples variantes, que se transforman a merced de las modas. Hay, por supuesto, elementos locales a considerar: la llegada masiva de inmigrantes, el abuso contraproducente de las nuevas tecnologías, el delirio de las inteligencias múltiples y tantos otros elementos que podemos llamar globales o, al menos, específicos de Occidente. De hecho, el declive no parece que haya........
