La guerra por venir
En 2015, estimaciones de la inteligencia colombiana advertían que si el control territorial y las economías ilícitas no se desmantelaban, el conflicto no desaparecería: mutaría. Tras derrotar militarmente a la insurgencia de las Farc, pero sin extinguirla por completo, el Estado optó por la paz. Convencido de que salvar vidas justificaba el cierre del conflicto, otorgó concesiones que rozaron la impunidad: la reducción de penas, beneficios jurídicos y la participación política para los responsables de crímenes de lesa humanidad.
Cuando se firmó el Acuerdo de La Habana en 2016, la tasa de homicidios era de 25,7 por cada 100.000 habitantes: la más baja desde la década de 1970 y aproximadamente la mitad de la registrada una década antes. La cifra parecía anunciar una inflexión histórica. Sin embargo, diez años después, mientras el homicidio a nivel nacional se mantuvo prácticamente estable ( 0,5 %), la coerción se intensificó. Entre 2016 y 2025, el secuestro total aumentó un 200 %, el secuestro extorsivo un 291 % y la extorsión un........
