Tomémonos de la mano
Hace poco salí a trotar con uno de los famosos ‘running clubs’; fueron aproximadamente 6 kilómetros. Los que me conocen saben que desde chiquita me rehusaba a correr en educación física, entonces digamos que este tipo de ejercicio no es mi actividad predilecta. En pocas palabras, la sufrí, pensé en devolverme en el primer kilómetro, y mi mente me jugó malas pasadas.
Pero en cada momento que tuve que frenar y caminar (que fueron varios), ahí estaban mis amigos runners -a quienes por cierto, acababa de conocer- alentándome y dándome fuerzas para seguir. Pararon conmigo, me ayudaron a respirar, me dieron palabras de aliento y no me desampararon. Gracias a ellos puedo decir que logré correr 6 kilómetros y me sentí absolutamente satisfecha, capaz y orgullosa de mí misma.
Aunque la que movió mi cuerpo fui yo misma, tengo clarísimo que los que me dieron la fuerza para hacerlo fueron ellos. Personas con las que nunca había compartido antes, desconocidos, en ese momento fueron mi motor y mi fuente de seguridad e inspiración.
Me acordé de este momento hace poco, tras el trágico terremoto que sacudió a nuestro país y derrumbó nuestra ciudad,........
