Entre miradas generacionales
¿Será que realmente somos la generación de cristal? Esta pregunta fue la guía de una conversación extensa que tuve hace poco con unos amigos, todos pertenecientes a la Generación Z (1997 - 2012). Empezamos a cuestionarnos si de hecho ciertamente estamos hechos de cristal, y del mismo modo a preguntarnos, ¿qué es lo que más nos diferencia de la generación de nuestros padres y, más allá, de nuestros abuelos? Y de la misma manera, ¿qué es lo que compartimos con ellos? Llegamos a una conclusión: aunque cada generación tiene raíces distintas, la verdadera diferencia radica en cómo liberan su propio camino y cambian la mirada frente a sus circunstancias.
Mirando hacia atrás, veo a mi abuelo, quindiano de nacimiento, quien en su juventud trabajaba en una ferretería. Un día un amigo del trabajo le dijo que su hermana, quien vivía en Estados Unidos, le tenía una oportunidad de trabajo. Y mi abuelo, siendo el hombre astuto y perspicaz que es, dijo “listo, yo me voy para allá, dígale a su hermana”. Creo que esto es lo que más caracteriza a esa generación, la ‘silenciosa’ (1928–1945) y los ‘baby boomers’ (1946–1964), el instinto de supervivencia y la capacidad de adaptarse rápidamente a lo que ‘toca’, aunque no sea cómodo, aunque traiga malestar, y aunque lleve a otro tipo de decisiones difíciles.
A él nadie le entregó su vida en una bandeja. Él construyó la vida que tiene, partiendo de un........
