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Votar contra uno mismo

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Pensaba votar en blanco este domingo 21 de junio. No me gustan las dos propuestas de país que se enfrentan en las urnas y no me siento representado por ninguna. El voto en blanco era mi manera de decirlo.

Lo que desconocía es que, en una segunda vuelta presidencial, el voto en blanco tiene valor simbólico, pero no jurídico. Es decir: incluso si obtiene la mayoría, la Presidencia será para el candidato que consiga más votos entre los dos aspirantes en competencia. Las elecciones no se repetirían.

Un contrasentido. ¿Acaso los ciudadanos no tenemos derecho a cambiar de opinión entre una primera y una segunda vuelta? ¿Por qué una herramienta creada para expresar inconformidad pierde precisamente su efecto cuando las opciones se reducen solo a dos?

Esta condición electoral, que el país debería revisar, deja a miles, quizá millones de ciudadanos, en una situación incómoda: votar no por quien creemos que es la mejor opción, sino por quien consideramos menos dañino para Colombia. Muchos saldremos de las urnas con la sensación de no haber hecho lo correcto y, cuando........

© El País