Delirios de verano
Cuando los días soleados empezaban a decir adiós en el hemisferio norte, decidía contrariar al tiempo que, inexorable, anunciaba el retorno de los días de poca luz y del rito, harto aburridor para quienes venimos del trópico, de tener que ponernos varios kilos de ropa encima, sólo para ir a la tienda de la esquina: guantes, bufanda, sombrero y tres o cuatro capas de algodón y lana, amén del gabán y las botas para bregar con la humedad y el lodo.
La resistencia a lo que viene empieza por el atuendo; en mi tentativa por negar la realidad de los días fríos y brumosos, elegía, desde el fondo del closet, una camisa de palmeras, como la imaginó el poeta Pedro Pietri en su poema-parodia al ‘Viejo San Juan’: “En mi viejo San Juan/ subió el precio del pan…” Claro, al volver de una breve caminata, con bermudas, sandalias y sombrero blanco, ante la sorpresa del........
