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El enemigo necesario

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21.08.2026

La política necesita adversarios. La democracia, de hecho, no puede florecer sin intereses distintitos, posiciones enfrentadas y proyectos alternativos para la sociedad. No obstante, existe una gran diferencia entre tener un adversario político y transformarlo en un enemigo. El primero, cuestiona nuestras ideas, el segundo, amenaza a nuestra identidad.

Cuando la política alcanza este punto de antagonismos, el adversario deja de ser alguien que solo piensa diferente, y comienza a convertirse en la explicación de aquello que no funciona. Los problemas dejan de atribuirse a la complejidad de la realidad y comienzan a atribuirse a un chivo expiatorio como responsable. El enemigo entonces se hace necesario para simplificar el mundo y, si algo esta mal, alguien carga la culpa.

Esta lógica resulta muy útil en sociedades conflictivas. Cunado una comunidad política experimenta dificultades económicas, institucionales o sociales, existe una tentación de crear un “otro” al cual atribuir aquello que no puede resolver. El enemigo cumple entonces una función política: unifica a quienes se encuentran de un mismo lado y proporciona una explicación sencilla a problemas que, en realidad, suelen ser mucho mas........

© El País