Colombia y el romántico prestigio del caos
Hubo un tiempo en que Colombia aspiraba a ser tomada en serio. No admirada —América Latina rara vez lo ha sido por el mundo desarrollado—, sino respetada como un país complejo pero predecible, consciente de que las alianzas estratégicas y la estabilidad institucional no son lujos: son herramientas de supervivencia. Ese país se aleja.
Lo que vivimos no es solo el giro de un gobierno. Es una metamorfosis más profunda: la conversión de la política exterior en militancia emocional, donde la estrategia ha sido desplazada por el símbolo, la improvisación y la búsqueda incesante de validación ideológica.
Durante décadas, Colombia cultivó una relación privilegiada con Occidente —Estados Unidos, Israel, Europa, las democracias liberales. No por ingenuidad ni sumisión, sino por una claridad elemental: las relaciones internacionales se construyen sobre intereses convergentes, cooperación técnica y credibilidad. No sobre impulsos de tribuna.
Hoy, en cambio, el país parece seducido por el romántico prestigio del caos.
En ciertos círculos latinoamericanos persiste una vieja fascinación estética por........
