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Niñez, el futuro que se protege hoy

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11.04.2026

Llega el Dia del Niño boliviano. Un día de parques, golosinas, juegos y fiestas infantiles; una jornada en la que los agasajados son los más pequeños, recordándonos la importancia de esta etapa de la vida y su valor en la sociedad. Esta algarabía, sin embargo, no llega para todos.

Nuestra población, aun joven, se compone casi en un 30 % de niños y adolescentes hasta los 14 años. Las desigualdades en este grupo son enormes.

El trabajo infantil en Bolivia sigue siendo de los más altos de Latinoamérica, casi el 10 % de nuestros niños deben trabajar para ayudar a sostener a la familia. La mayoría de ellos está en áreas rurales donde no se logran identificar plenamente las condiciones en las que trabajan.

La pérdida del cuidado parental es un gran riesgo para ellos también. Golpeados por la crisis económica y familiar de los últimos años, un enorme porcentaje de niños en Bolivia se encuentran en condiciones bajas de protección, expuestos a la desintegración familiar y con desarrollo integral en riesgo. La pobreza extrema afecta a más del 15 % de nuestros niños; con privación severa, alta vulnerabilidad y riesgo de exclusión social, comprometiendo de manera crítica su bienestar físico-mental presente y futuro.

Las cifras de abusos y violencias en contra de la niñez también siguen siendo desgarradoras. En 2025 existieron 22 infanticidios y se denunciaron más de 6000 delitos en contra de niños y niñas en el país, siendo estas últimas las más afectadas. Los delitos más denunciados fueron violencia de parte de familiares así como delitos sexuales, perpetrados en la mayoría de los casos por gente también cercana. Es decir que la violencia contra la niñez la perpetramos, sobre todo, los llamados a cuidarles.

Las leyes de protección a la infancia, amplias, no alcanzan para resguardar todos sus derechos; pues adolecen de sistemas, redes, coordinación interinstitucional y especialmente recursos materiales y humanos que garanticen su cumplimiento. Los sistemas de crianza tampoco se han adaptado plenamente a los tiempos actuales ni a la perspectiva de derechos de la que deberían gozar; siendo los hogares uno de los principales espacios donde sufren vulneraciones. La prevención de violencias hacia nuestros niños así como la garantía de acceso a justicia, siguen siendo tareas pendientes en nuestro país.

La concepción tutelar que aún tenemos de la infancia, con muy bajos porcentajes de participación infantil en la toma de decisiones que les atañen, también requiere un cambio de paradigma para avanzar en la práctica diaria y real de los derechos con los que deberían vivir los niños.

Hay avances y mejorías en los últimos años, tampoco se pueden negar. Hemos disminuido la mortalidad infantil y materna, hemos mejorado los índices de escolarización y reducido la deserción, se ha reducido la pobreza y se ha aumentado el IDH nacional; sin embargo los avances también han sido parciales, incompletos y desiguales. Por eso, los desafíos que quedan hoy para nuestra niñez siguen siendo enormes. Conviene no olvidarnos de lo que nos queda pendiente de trabajar y lograr, por ellos y para ellos.


© El País