Enfrentando al odio en las redes
Los discursos de odio se amplifican en entornos digitales, aquellos que se ceban y segregan más a comunidades específicas, como personas LGBTIQ+, los migrantes, indígenas, feministas, así como minorías de todo tipo. Las mentiras y la desinformación que circula digitalmente, así como la influencia y la alienación de los algoritmos, favorecen a que las personas se radicalicen y tomen posturas claramente partidarias del odio, especialmente a minorías.
Entre todas las personas expuestas a esta problemática actual, niños y adolescentes merecen especial atención. Ellos, en un alto porcentaje, se informan a partir de lo que tienen en redes sociales; al no contar aun con un criterio más completo e informado sobre diferentes situaciones, pueden verse altamente influidos por lo que sus redes les muestran y comunican. Los discursos radicales, con altas dosis de agresividad y odio, pueden influir fuertemente en sus opiniones y percepciones.
Al respecto, estudios señalan que aproximadamente dos tercios (64%) de los adolescentes están "a menudo" o "a veces" expuestos a contenido de odio en línea (Pew Research Center, 2022). Esta exposición regular a comentarios agresivos, hirientes, de discriminación o acoso tiene un efecto perjudicial en el bienestar de los más chicos.
Consecuentemente, la normalización de la agresión en línea puede conducir a que algunos chicos también reproduzcan esas conductas: cerca del 30% de los adolescentes admite haber participado ellos mismos en comportamientos de "hater" en redes en alguna ocasión (UNICEF, 2020). Esto demuestra que el fenómeno no solo afecta a víctimas directas, sino que forma parte de una cultura digital más amplia que puede influir en los valores y comportamientos de la adolescencia.
El poder del anonimato no exime a nadie de asumir lo que dice o comparte en entornos digitales; y esto no es restringir la libertad de expresión. En el caso de nuestros hijos es enseñarles a ser cautos y responsables sobre lo que opina y a quienes va dirigido.
Es importante reflexionar con ellos en que todo vínculo parte del respeto, y que podemos poner freno al odio evitando replicar comentarios discriminatorios y que aumenten la violencia contra el otro. Así, la empatía y la tolerancia son cualidades importantes a desarrollar en un niño o adolescente expuesto a contenido digital. También ayuda la reflexión sobre las consecuencias de acciones y comentarios con carga agresiva en los entornos digitales; puede ayudar a prevenir que los discursos de odio se conviertan en violencia digital.
Dialogar, mostrar las diferentes caras de una moneda de un tema en particular, también puede desarrollar sentido crítico en un adolescente para que enfrente u sea menos vulnerable a la alienación digital y el radicalismo que pueden tener sus percepciones, especialmente aquellas con perfil discriminatorio hacia otros. Se puede acompañarles también a verificar noticias o hechos para que conozcan las diferentes aristas de una situación en particular, formen criterios más amplios y lidien informadamente contra radicalismos.
Fomentar el dialogo, la reflexión, la cultura de paz y el respeto a los derechos humanos ya no es algo que se defiende solo en las calles; ahora se aprende y se reinvindica también en el mundo digital.
