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Sin segundas oportunidades

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16.07.2026

Antes que preguntarnos quién merece una dignidad, Colombia necesita preguntarse qué merece su atención. Esa diferencia, que parece apenas semántica, define el destino de las naciones. Los países fracasan menos por falta de inteligencia que por incapacidad para establecer prioridades. Cuando la agenda pública pierde el sentido de las proporciones, los asuntos accesorios desplazan a los decisivos y el debate termina convertido en un ejercicio de vanidad mientras los problemas reales avanzan sin resistencia.

Hoy el país enfrenta uno de esos momentos. Es legítimo discutir la conformación de las mesas directivas del Congreso y el perfil de quienes ejercerán determinadas responsabilidades. Todo ello hace parte de la vida democrática. Pero resulta inquietante que esas conversaciones concentren buena parte de la energía política con artimañas, narrativas digitales y estrategias de comunicación amañadas que al final terminan erosionando el equipo con el que tendremos que construir, mientras Colombia recibe un escenario marcado por desafíos de una gravedad excepcional.

La primera obligación de un........

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