El impuesto del miedo
Durante varias jornadas cerraron comercios en Santa Marta, se afectó el transporte y muchas personas prefirieron quedarse en sus casas. El aire espeso de la soledad susurraba amenaza en las calles y callejones.
La Cámara de Comercio calculó pérdidas cercanas a 39.590 millones de pesos diarios. Es una cifra enorme para una ciudad que necesita empleo y desarrollo.
En días pasados escribí en esta misma columna sobre la Santa Marta que espera agua, alcantarillado, transporte moderno y mejores vías. Los hechos obligan a agregar algo esencial: en Santa Marta se debe poder trabajar sin miedo para atraer turismo en inversión extranjera directa.
Hay comerciantes, industriales, transportadores, tenderos, vendedores ambulantes y pequeños emprendedores sometidos a la extorsión. Pagan para que los dejen trabajar. Pagan para evitar una amenaza. Pagan porque sienten que denunciar puede........
