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Borges, la libertad y el Estado

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20.02.2026

Cambiemos de tema… el artículo “Borges Against the State”, del escritor Jorge González Moore, propone una idea tan llamativa como sugerente: Jorge Luis Borges no fue solo un gigante de la literatura universal, sino también un pensador político intuitivo cuya desconfianza hacia el Estado puede entenderse desde la teoría económica.

El texto sostiene que la famosa definición del escritor argentino - “anarquista conservador”- no era una paradoja literaria ni una provocación retórica, sino una postura coherente frente a los problemas del poder político, el intervencionismo y las limitaciones del conocimiento estatal.

Para comprender esta interpretación resulta clave observar la vida de Borges. Nacido en Buenos Aires en 1899, creció en un ambiente familiar liberal y cosmopolita. Su padre, Jorge Guillermo Borges, abogado y profesor influido por el liberalismo clásico, le transmitió desde temprano una marcada desconfianza hacia el poder estatal y cualquier forma de autoridad excesiva. Durante su adolescencia, Borges vivió varios años en Suiza, especialmente en Ginebra, experiencia decisiva que amplió su horizonte cultural y lo expuso a una tradición europea más libertaria y menos socialista que la política argentina de su tiempo. Ese contacto temprano con sociedades libertarias reforzó su inclinación hacia el individualismo intelectual y su rechazo a las ideologías colectivistas.

Desde joven desarrolló una clara aversión a las políticas de masas, que consideraba amenazas para la libertad personal y la creatividad. Su experiencia durante el nacional socialismo peronista profundizó esa postura: fue apartado de su cargo como bibliotecario y relegado públicamente por el gobierno, episodio que consolidó su rechazo al autoritarismo populista. Borges desconfiaba de cualquier sistema que subordinara al individuo a proyectos colectivos, razón por la cual muchos intérpretes lo consideran cercano al pensamiento libertario, aunque él evitara definiciones ideológicas rígidas y prefiriera el escepticismo intelectual.

El artículo conecta estas intuiciones con la economía austriaca y la Teoría de las Restricciones (TOC), una metodología analítica utilizada habitualmente en gestión empresarial. Según González Moore, los sistemas políticos intervencionistas generan una restricción estructural al erosionar los derechos de propiedad, especialmente mediante el control estatal del dinero. Cuando la moneda pierde estabilidad -como ocurre en contextos de inflación persistente- las señales económicas se vuelven poco fiables, los horizontes de inversión se acortan y la sociedad entra en una dinámica de incertidumbre permanente.

El autor sostiene que estas consecuencias no son solo económicas, sino también culturales. La inflación crónica, la fuga de capitales y la inestabilidad política alimentan la desconfianza hacia las instituciones y favorecen el surgimiento de intelectuales críticos del Estado. En esta lectura, Borges aparece como alguien que percibió intuitivamente estas fallas estructurales mucho antes de que fueran formalizadas por economistas.

El ensayo logra así algo poco común: invitar a leer a Borges desde una perspectiva nueva. Más que un escritor distante de la política emerge como un observador lúcido de los riesgos del poder concentrado y un defensor constante de la libertad individual, cuya obra refleja una preocupación profunda por los límites del poder y la fragilidad de las instituciones humanas.

Un despropósito que un zurdo se atreva a mencionarlo y si lo hace solo refleja su ignorancia…

Juanfelipereyes@hotmail.com


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