La orgía contractual: gran estafa
Una de las fantasías fiscales más socorridas consiste en creer que contratar es equivalente a ejecutar un presupuesto. Nada más alejado de la realidad.
El afán frenético por contratar -que se ha tornado en pulsión epiléptica por el gobierno agónico de Petro- a la hora de la verdad solo ha servido para acumular una pesada masa de reservas que pasan de una vigencia a otra. Reservas que no se traducen en ejecución efectiva de gasto público sino en inejecución de éste.
Es una expresión más- de la que poco se habla- de la profunda crisis que viven las finanzas públicas del país.
Una vez que se firma un contrato por la administración pública las cosas apenas comienzan: si no hay caja para pagarle al contratista los bienes o servicios a que se comprometió, el acuerdo de voluntades entre el estado contratista y el particular queda a mitad de camino. Y si no se ha perfeccionado al finalizar el año, pasa como una “reserva” para ser atendida en el ejercicio presupuestal siguiente.
En la medida en que por consideraciones políticas (como viene sucediendo con el gobierno Petro) se abusa de la........
