La parábola del “hijo prodigio”
No recuerdo haber leído antes, en medio de mi analfabetismo literario, a míster Edgar Allan Poe, que me tiene embelesado con un libro recién tomado a hurtadillas de mi hijo, ya adolescente, a quien se lo pusieron de tarea escolar, titulado “Narraciones Extraordinarias”. Pero lo que más me ha impactado es esa minibiografía que meten escondida en una solapa, en la que se lee que, siendo hijo de unos mediocres actores de teatro, en Boston, quedó huérfano antes de cumplir tres años y fue adoptado por un rico comerciante de Virginia -algún Epulón gringo- de nombre John Allan, de quien sacó su apellido y a quien prodigaron grandes comodidades, no por mucho tiempo.
Como era un chico díscolo y enfermizo -dicen algunos biógrafos que gustaba del licor y sustancias sicotrópicas- fue expulsado de un colegio, primero, y luego de una academia militar, y su padre de mentiras, un hombre huraño, que nunca le acolitó ser escritor, aún contra la voluntad de........© El Nuevo Siglo Bogotá
