El odio no puede seguir siendo un proyecto de país
En Colombia llevamos muchos años convirtiendo la política en un campo de batalla. Ya no basta con tener diferencias ideológicas; ahora parece necesario descalificar, ridiculizar o incluso odiar a quien piensa distinto. Y ese, quizá, es uno de los mayores inconvenientes de la política en el país.
Pensar diferente nunca ha sido el problema. De hecho, las democracias más sólidas son aquellas donde las ideas se confrontan libremente. El fallo comienza cuando dejamos de debatir propuestas para empezar a defender personas como si fueran incuestionables. Cuando un líder........
