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Señales de alarma en la legitimidad del poder

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22.03.2026

En Colombia, la sistemática desacreditación del sistema electoral por parte del Ejecutivo —centrada en la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral— pone en riesgo esa credibilidad. Este patrón genera un escenario de tensión que podría intensificarse ante un resultado adverso, afectando la percepción pública sobre la imparcialidad del proceso y la estabilidad democrática.

La desacreditación se extiende a otras ramas del poder público y organismos de control, debilitando la gobernabilidad y erosionando la confianza ciudadana. Cada señal de desconfianza compromete la legitimidad de la democracia y amenaza la independencia de los poderes. Esta situación, de prolongarse, puede generar precedentes preocupantes, como se observa en otros países de la región, donde la concentración del poder ha afectado no solo la institucionalidad, sino también la tranquilidad y seguridad pública.

Dentro de este panorama, cobra relevancia un elemento adicional: la percepción de influencia política sobre las Fuerzas Militares y Policía. Aunque actualmente sus operaciones se han intensificado, lo preocupante es que durante años anteriores no se hubiera actuado con la misma eficiencia, dejando un déficit histórico de respuesta frente a amenazas como el narcotráfico.

El componente militar, por sí solo, no garantiza resultados sostenibles. Las operaciones requieren estrategias integrales que incluyan intervención social, atención a juventudes, programas de prevención, salud pública y coordinación interinstitucional. La experiencia demuestra que el enfoque operativo, aunque necesario, solo es efectivo si se acompaña de políticas sociales y comunitarias.

El programa Sapiens ha abordado estas dinámicas, subrayando la necesidad de combinar capacidad operativa con estrategias sociales para lograr eficacia y sostenibilidad: https://youtu.be/xUhft_NBkmY?si=auWCH58izKcDYzV8

El núcleo del problema es evidente: socavar la legitimidad del sistema electoral y la independencia de las instituciones no es un ejercicio meramente político, sino un riesgo estructural para la democracia. La percepción de presiones sobre las Fuerzas Militares y Policía refuerza la necesidad de mantener su independencia y cohesión. Esta situación explica, además, por qué el gobierno insiste en que los soldados participen como testigos electorales, un mecanismo que vincula la operación militar con la legitimidad percibida del proceso electoral.

Colombia enfrenta un doble desafío: garantizar la independencia institucional y preservar la confianza ciudadana en el voto, al tiempo que protege la neutralidad y cohesión de sus Fuerzas Militares y Policía. La experiencia regional demuestra que desviaciones deliberadas de estos principios producen consecuencias estructurales. La estabilidad democrática depende de la aplicación coherente de la ley, del respeto a la separación de poderes y de la vigilancia activa de la ciudadanía.


© El Nuevo Día