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Elecciones en España: Pedro Sánchez y el poder de lo pendiente

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19.10.2026

La fotografía de Sánchez con Mamdani, tomada durante su encuentro del 23 de septiembre, reúne esas distintas relaciones con la promesa. Un presidente que lleva años gobernando se aproxima a una figura cuya proyección se alimenta de expectativas más recientes.

Pedro Sánchez comenzó hablando de lo que España había cambiado y terminó convocándola a decidir en qué podía convertirse. Su relato reunía conquistas, errores y promesas pendientes, quienes lo escuchaban podían reconocer aquel país y, sin embargo, echar en falta una parte de su propia vida: esa distancia entre la historia que un gobierno cuenta y las muchas historias que una sociedad vive.

El 5 de octubre, desde La Moncloa, el presidente del Gobierno español y líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de tradición socialdemócrata, anunció elecciones anticipadas para el 29 de noviembre. Había enumerado los avances de su gestión cuando reconoció: “Sé también que nosotros mismos hemos cometido errores y no hemos logrado hacer todo lo que nos habíamos propuesto”; al mismo tiempo declaró que “estamos frente a la peor oposición de la historia” y que “necesitaba una mayoría más amplia”. El futuro quedaba disponible otra vez en España.

Lo conseguido merece continuidad, ¿lo incumplido también?, en la visión del PSOE parece ser que aún falta conseguirlo. Apareció también el discurso del miedo, ya que, si ninguna de las dos razones termina de convencer a la ciudadanía, queda la posibilidad de que los adversarios “deshagan” lo que costó años construir. Los argumentos pueden ser atendibles y precisamente por eso conviene detenerse en su combinación paradójica: un gobierno puede pedir apoyo por sus avances, por sus fracasos y por los peligros que anuncia su eventual derrota. La decisión se vuelve más incómoda una vez más para la izquierda, quienes están decepcionados con el Gobierno y, al mismo tiempo, temen perder derechos si cambia la mayoría ¿cómo exigirle cuentas sin renunciar a proteger lo conquistado?.

La cuestión alcanza al modo en que el progresismo construye su legitimidad. Llamarse progresista supone atribuirse una relación particular con el porvenir, afirmar que las instituciones pueden transformar las condiciones existentes y ampliar la libertad de quienes hoy disponen de menos posibilidades. Esa pretensión necesita encontrar algún reconocimiento en la experiencia. Cuando la distancia entre lo prometido y lo vivido persiste, el problema afecta a la confianza en que actuar políticamente sirva para modificar la propia vida. ¿Se puede seguir votando a un partido y haber dejado de esperar demasiado de él? Una papeleta contiene razones que el recuento, por escrupuloso que sea, no distingue.

Las expectativas tienen esa peculiaridad: producen efectos antes de que sepamos si se cumplirán. Permiten comprometer recursos, asumir riesgos, organizar esfuerzos. Jens Beckert (2016) ha mostrado su importancia para comprender la acción económica bajo incertidumbre; trasladada al terreno político, su perspectiva ayuda a pensar por qué una promesa necesita algo más que entusiasmo. Necesita apoyos reconocibles en el presente. Y también explica que pueda sobrevivir debilitada,........

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