Octubre no comenzó en octubre
Siete años después, las causas profundas del malestar siguen presentes y se han agravado. La clase política, y en especial quienes nos gobiernan, ha sido incapaz de reconstruir la confianza, enfrentar los abusos y recuperar los vínculos que sostienen nuestra convivencia.
Las fechas que recuerda la historia nunca coinciden con el momento en que comenzó el deterioro. Señalan el instante en que aquello que llevaba años gestándose dejó de ser invisible. El 18 de octubre de 2019 fue uno de esos momentos.
«No lo vimos venir», se escuchó desde las alturas del poder y las élites chilenas. Una frase tan sorprendente como reveladora. ¿Cómo no lo vieron venir cuando Chile llevaba más de una década manifestando su malestar en las calles?
La revolución pingüina de 2006, las multitudinarias movilizaciones universitarias de 2011, las protestas por la educación gratuita, el movimiento No AFP, las marchas contra HidroAysén y las movilizaciones regionales en Aysén y Magallanes fueron señales inequívocas. También lo fueron las protestas feministas de 2018. Chile llevaba años reclamando cambios.
A ello se sumaron las colusiones de las farmacias, los pollos y el papel confort; los abusos de las isapres y las asimetrías entre consumidores y grandes empresas. Los casos Penta, SQM y Corpesca revelaron una trama de financiamiento ilegal de la política. Las investigaciones sobre Asipes en Biobío y Fines en Aysén ampliaron las sospechas sobre la influencia empresarial en la Ley Longueira. Las salidas alternativas, las prescripciones........
