Algunos ratones, una sigla y cuatro A
Cuando un jardín infantil enfrenta durante semanas la presencia reiterada de ratones, no estamos ante un problema menor de infraestructura. Estamos frente a una afectación de esas garantías y una vulneración de derechos educativos.
Había una vez un jardín infantil hermoso, lleno de vida. Cada mañana llegaban guaguas que reconocían a sus educadoras, les tiraban los brazos con confianza, sabían qué canción venía después de cuál, cuándo era hora de jugar, comer o dormir. Era un jardín donde niñas y niños entraban felices. Algunos, como nuestra guagüita, parecían no tener prisa por irse a casa y preferían quedarse disfrutando del resbalín del patio un rato más. Era un jardín con una rutina que daba seguridad.
Como personas que trabajamos en educación sabemos que eso importa, que el aprendizaje ocurre cuando una niña se siente segura para explorar, cuando una guagua construye vínculos de confianza con quienes la cuidan, cuando encuentra un espacio estable donde jugar, descubrir y convivir, y no solamente cuando alguien les enseña colores, números o los nombres de los animales y las cosas. Y eso ocurre en el Jardín Infantil y Sala Cuna Manzanilla de Ñuñoa.
Por todo eso, la historia que venimos a contar nos tiene en vilo.
Desde el 15 de mayo comenzaron a aparecer fecas de ratón. Primero algunas en la cocina. Luego más. A veces también aparecieron los propios ratones.
Lo primero que hay que decir es que nadie del propio Jardín ha estado de brazos cruzados. La directora ha hecho todo lo que está a su alcance. Las educadoras, técnicas, auxiliares de aseo y manipuladoras de alimentos han limpiado, desinfectado, vaciado bodegas, botado materiales y seguido directrices una y otra vez. Las trabajadoras de aseo........
