Baquedano y la memoria profunda de la nación
Baquedano, hombre austero, volvió a la vida civil tras la guerra y sólo reapareció para evitar que el vacío de poder posterior a Balmaceda derivara en violencia mayor. Conocía el costo humano del conflicto y procuró impedir nuevas pérdidas inútiles.
En la Place Vendôme de París se alza hoy, serena, la columna que recuerda la victoria de Napoleón en Austerlitz. Esa calma encubre una historia agitada: en 1871, durante la Comuna, el monumento fue derribado por quienes lo veían como emblema de un pasado intolerable. Tres años después, Francia lo reconstruyó. Comprendió entonces algo difícil de aceptar en tiempos de furia: destruir símbolos no borra la historia; sólo rompe la memoria compartida.
Los monumentos no existen para imponer admiraciones obligatorias. Recuerdan hechos y figuras que, con luces y sombras, configuraron el destino común. Nadie está obligado a venerar a Ibáñez, Allende o Portales; pero expulsarlos del espacio público equivale a mutilar partes de nuestra propia........
