menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Somos tontos hasta las 12

23 0
29.07.2026

Lo dijimos durante toda la campaña electoral: que la democracia corría el riesgo más severo desde su restauración. Nos tildaron de exagerados. Dijimos también que el blanco no era solo la izquierda, sino también la derecha tradicional.

Hay un patrón que la agenda noticiosa nos impide ver con claridad. Cada semana se apaga un incendio político y se enciende deliberadamente otro: el Ministro de Hacienda amenazando a los alcaldes, un nuevo cruce de acusaciones, las declaraciones de una exministra, la controversia del día que ocupa paneles y portadas. Mientras discutimos el menudeo, se construye, decreto a decreto, algo mucho más grande: un proyecto para refundar Chile por una vía que nunca antes se había ensayado.

José Antonio Kast no llegó a este punto de un día para otro. Desde su derrota frente a Gabriel Boric en la segunda vuelta de 2021, en su sector —que reúne a la derecha económica y a una extrema derecha política, cada vez más fanática— comenzó a fraguarse una estrategia con un objetivo único: llegar al poder al costo que fuera necesario y, desde ahí, como dice el primer mandatario, poner las cosas en orden, porque este orden democrático parece no gustarle. Es el desorden que obliga a argumentar, a respetar, a pactar . Las promesas de campaña que hoy se archivan sin explicación, los acuerdos que se rompen sin razón aparente, no son improvisación. Son piezas de un plan.

La conducta de Kast y de Republicanos ha sido, desde el inicio, la misma: oponerse a cualquier cambio social que se proponga, venga de donde venga, y disciplinar a su propio sector para que nadie se salga de esa línea. La etiqueta de “derechita cobarde” —acuñada en España por Vox contra el PP y adoptada aquí por los sectores más duros del oficialismo para descalificar a la UDI, a RN........

© el mostrador