La arrogancia del poder y el olvido de la responsabilidad
Si de eliminar la grasa se trata, Presidente, comience por exigirles resultados a los suyos. Chile no tiene por qué financiar con sueldos millonarios el aprendizaje de quienes llegaron creyendo que lo sabían todo.
Hay una forma especialmente peligrosa de ejercer el poder: confundir las convicciones con el conocimiento, la autoridad con la superioridad y una victoria electoral con el derecho a prescindir de las instituciones. Es la soberbia de quienes llegaron prometiendo eficiencia y profesionalismo, pero parecen descubrir cada día, a costa del país, que gobernar exige algo más que arrogancia.
Fernando Rabat, ministro de Justicia, ofrece un ejemplo inquietante. Su ministerio concedió rebajas de condena a 56 personas sentenciadas por delitos sexuales contra menores, sin considerar escuchar a las víctimas. Alegó razones jurídicas, pero reconoció haber modificado criterios administrativos anteriores. Más aún, documentos conocidos públicamente revelaron que su propio ministerio había rechazado solicitudes semejantes, algunas con su firma.
¿Ignorancia, improvisación o algo peor? Porque la legalidad de una decisión no extingue la responsabilidad política de quien la adopta.
Existe, además, una sospecha que exige respuestas. Rabat también firmó decretos que beneficiaron a condenados por secuestros y torturas durante la dictadura. ¿Estamos presenciando decisiones aisladas o la preparación de un camino para liberar........
