Aprendamos de la historia
Un inadecuado presupuesto también conduce a un insuficiente mantenimiento del potencial. Es como tener un buen auto, pero carecer de recursos para hacerle su servicio periódico. Asimismo, si el presupuesto es en gran parte consumido por el gasto en personal, queda muy poco para operaciones.
La experiencia surge –entre otros factores– de la revisión de los errores cometidos. Las grandes corporaciones, las instituciones y, por cierto, los Estados, hacen bien en sacar lecciones aprendidas de sus pasajes oscuros.
Pensando desde una perspectiva estatal, debemos reconocer que los quiebres institucionales, la ruptura de la cohesión social y las grandes crisis, en definitiva, no surgen de la nada. Por lo mismo, examinando nuestra Historia es prudente advertir con tiempo los síntomas de las crisis en gestación. En esta oportunidad, en que vivimos tiempos de conmoción a escala global y en medio de una región sacudida por diversas situaciones, es más necesario que nunca aprender de la historia.
En nuestro pasado reciente los chilenos tenemos grandes logros y también algunos pendientes. A finales del siglo pasado fuimos capaces de construir una transición a la democracia, que no fue fácil, pero lo logramos. Junto a ese gran logro, también tenemos pendiente examinar episodios que nos han afectado profundamente: evaluar por qué surgió el estallido social, analizar con rigor estatal la derrota que sufrimos en La Haya, ante la demanda peruana por el límite marítimo; qué decir de los excesos de los fallidos procesos constitucionales.
Así, abordaré un tema del que no se habla: el bajísimo interés de las elites políticas en las tareas de Estado, es decir, en los temas de Defensa y en las Relaciones Internacionales, y me abocaré al primero que –según dicen algunos analistas descorazonados– “es un tema que no da votos”, lo que es una constatación velada del vaciamiento programático que experimenta el debate político de las elites.
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