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Trece votos en arriendo

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02.08.2026

El PDG ocupa un espacio que las izquierdas dejamos vacante. Su promesa funciona porque durante años la representación de la clase media endeudada quedó traducida a un lenguaje que esa clase no reconocía como propio.

El lunes 20 de julio, a las siete y media de la tarde, los diputados del Partido de la Gente se encerraron a resolver cómo votarían al día siguiente la megarreforma de Kast. Ya lo habían intentado la noche del domingo, por videollamada, hasta pasada la medianoche, sin llegar a nada. El comunicado con la decisión salió a las 21:09. La sesión de sala empezaba a las diez de la mañana.

Esa demora no era desorganización. Era el producto esperado.

Conviene mirar el semestre entero. El 11 de marzo el PDG intentó instalar a Pamela Jiles en la testera de la Cámara con votos del PC y del Frente Amplio, y perdió por tres. Seis semanas después votaba contra “Escuelas Protegidas” junto a esas mismas bancadas. El 23 de junio puso los votos que castigaron a Nicolás Grau, 77 contra 68, tapando exactamente el forado que había dejado Renovación Nacional. Y el 21 de julio dejó pasar la rebaja del impuesto corporativo del 27 al 23 por ciento y la invariabilidad tributaria a veinticinco años, para enseguida tumbar por dos votos un artículo sobre compensaciones municipales y mandarlo a comisión mixta.

Llamar incoherencia a esto es simplificar y no explica nada. Con dos preguntas se anticipa casi cualquier votación de esa bancada.

La primera es si su voto decide. “Escuelas Protegidas” se resolvió 103 a 43: ahí el voto del PDG no valía nada y por eso pudo regalárselo a la izquierda sin costo. Cuando su voto sí inclina la balanza, la bancada exhibe una disciplina que nadie le atribuiría.........

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