menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Los bizarros deseos de ejercer el cargo más difícil del mundo

39 5
16.02.2026

El revuelo causado por la sucesión de António Guterres a la cabeza de la ONU es, hasta ahora, un episodio bastante bizarro. Pese a la unanimidad de opiniones respecto a la grave crisis por la que atraviesa el organismo, ninguno de los aspirantes -por alguna extraña razón- ha puesto énfasis en sus propuestas. Ni siquiera han entregado un diagnóstico acerca de la crisis, aunque, como se sabe, su quiebra es inminente. Todos, sin excepciones, se han refugiado en vaguedades, generalidades, teatralidades.

Las discusiones no sobrepasan, hasta ahora, tres puntos. La idoneidad que tiene, o no tiene, cada uno; en sus trayectorias personales y en su procedencia geográfica. Cuestiones nimias que evidencian que algo no calza.

La conjetura sobre lo irrelevante de los tópicos seleccionados adquiere más fuerza aún al constatar las complejidades del cargo que se pretende. Basta revisar aquello que exsecretarios generales, tanto Javier Pérez de Cuéllar como su predecesor, Kurt Waldheim, dijeron y escribieron. Ambos coincidían en los sinsabores y molestias excesivas que les tocó vivir en tal función. Lo del peruano ha sido relatado muy bien por uno de sus cercanos, José Rodríguez Elizondo. El austríaco incluso escribió un libro con un título más que sugerente, El cargo más difícil del mundo (Molden Verlag, 1979).

Nadie dudaría que los aspirantes tienen sus idoneidades personales, aunque muy distintas entre sí. Dentro del elenco latinoamericano, por ejemplo, hay una que conoce bien los laberintos administrativos de la ONU. Otra que, aparentemente, ha auscultado los latidos políticos del organismo y del multilateralismo en general. Y, finalmente, el único que exhibe un tipo de idoneidad, si bien acotada, fue labrada en terrenos más apegados a la sustancia de los desafíos que tiene hoy el organismo; es el argentino........

© El Líbero