Paz en la tierra y poesía en las alturas
La calma que Jesús nos confiere en este meditativo tiempo de Semana Santa no sigue los cauces del mundo, que piensan obtenerla por la fuerza del poder, con las conquistas e imposiciones dominadoras, haciendo valer los intereses opresores en lugar del espíritu donante. Son dos modalidades, tan distintas como distantes; la del Señor sustentada en el camino de la mansedumbre y la de la cruz, de la que todos debemos hacernos cargo, aunque tampoco sea fácil de acogerla por nuestros intereses mundanos; y, la otra, aquella que nos ofrecen los opulentos, basada en la supremacía, que después suele reconducirnos al odio y a la traición entre sí, con la consabida amargura en el alma, dejándonos fuera de vocablo coherente, entre lo que decimos y luego obramos, sin apenas sonrisa alguna.
Por cierto, a poco que ahondemos en la verdadera fiesta armónica divina, nos daremos cuenta que tenemos que desarmarnos, a la luz de las alegorías místicas del Evangelio, que son el espíritu........
