Un eterno presente
Me duele reconocer que no hemos sabido —o quizás, siendo honestos, no hemos querido— rescatar de la historia aquello que realmente nutre la convivencia: la cultura, la civilización y esos aprendizajes que nos hacen más humanos. Por el contrario, observo que seguimos tolerando, y a veces hasta replicando, el sedimento más tóxico de nuestra memoria: la violencia, la intolerancia y la injusticia.
Considero que la educación de los más jóvenes debería ser, ante todo, un ejercicio de discernimiento histórico. No hablo de que los niños acumulen datos como máquinas, sino de que aprendan a distinguir qué merece ser replicado y qué debe ser superado de raíz. Sin esa mirada crítica, el pasado deja de ser una lección para convertirse en una condena que se repite.
En este punto, estoy convencido de que existe un criterio para medir si una democracia es real o es puro papel: la condición de las........
