Las madres tenían razón
Según el antropólogo Bob Simpson, en el momento en que una persona muere, la comunidad crea una nueva realidad, que involucra a las personas, las memorias y los objetos, así como las relaciones sociales, ceremonias y creencias. Este acto de sepultura, por lo tanto, no solo es una práctica funeraria, sino una manifestación de nuestra capacidad de razonar, sentir y establecer vínculos simbólicos con el más allá.
Gabriel García Márquez expresó que no somos de donde nacemos, sino de donde tenemos a nuestros muertos. Esta afirmación resalta la importancia de los lugares de descanso final de nuestros seres queridos en la construcción de nuestra identidad y sentido de pertenencia. Elegimos cuidadosamente estos sitios, que se convierten en espacios sagrados de veneración y peregrinación. Allí, llevamos flores, hablamos con ellos y les pedimos consejo o protección, manteniendo viva su memoria y fortaleciendo nuestros lazos........
© El Informador
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