¿Quién decide lo que creemos decidir?
No sé si semejante estructura existe. Pero podríamos cometer un error si dejamos de formular la pregunta: ¿Hasta dónde permitiremos que la tecnología intervenga en nuestras decisiones?
Nunca antes habíamos dejado tanto rastro de nosotros mismos. Basta con vernos mirando nuestros dispositivos y plataformas digitales: si la matriz existe saben dónde estamos, qué buscamos, qué compramos, con quién hablamos, qué videos vemos, cuánto tiempo pasamos pegados al celular y hasta qué contenido logra detener nuestro dedo mientras deslizamos la pantalla.
Ya no les entregamos solamente información. Entregamos comportamiento. Y del comportamiento pueden inferirse preferencias, temores, necesidades, convicciones y vulnerabilidades. Ahí comienza un problema que apenas estamos aprendiendo a comprender, porque existe una diferencia enorme entre que conozcan mis preferencias y que intervengan para modificarlas.
La publicidad siempre intentó persuadirnos. La propaganda política también. Las religiones, los gobiernos, las empresas y los medios llevan siglos........
