La verdad verdadera de la Liberación Femenina -Parte II-
“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él… Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” Gen 2:18-22.
Si mis amables lectores agudizan un poco la vista espiritual verán una verdad irrefutable y es que Dios no sacó a la mujer de un hueso de la cabeza, ni de los pies para que pensara que iba a estar por encima del hombre o de los pies para que el hombre pensara que iba a ser pisoteada por él. ¡NO! la sacó de su costilla para darle un lugar justo en la vida. Con una misión muy clara “ayuda idónea”. Lamentablemente el mundo de la cristiandad ha entrado desde hace tiempo en una confrontación inútil de querer poner a la mujer en un sitio donde Dios no le asignó y quieren ordenarlas como pastoras etc, etc… Tema que no voy a tocar en este artículo.
Otra mujer que Dios muestra en la historia bíblica y que a quien también le da el privilegio de estar en la genealogía de nuestro Señor Jesucristo es Rahab. Una prostituta de Jericó que ayudó a los espías israelitas y se convirtió en una antepasada de Jesús. A pesar de su mala fama por la situación de vida que le tocó llevar, creyó en la promesa de Dios a través de sus siervos. Su fe en el Altísimo le permitió que el plan de Dios se llevara a cabo con éxito y éste le cumplió la promesa que le había hecho. En Josué 2:12-21 encontramos el pacto que los espías prometieron a esta mujer. Ella con bondad y profunda fe el Dios de Israel, arriesgó su vida con su silencio y cuando los muros de Jericó cayeron, la casa de Rahab, identificada por el cordón escarlata que llegó a simbolizar la sangre de Jesús, fue protegida, resultando en la salvación de ella y su familia. ¿Cómo les parece?
El otro caso es el de Rut. Una mujer moabita que se casó con Booz, un hombre israelita, y se convirtió en antepasada de Jesús. Ella sólo vio el testimonio que su suegra la había dado y no necesitó pertenecer al pueblo judío para que Dios le reconociera su fe firme y decidida cuando su suegra quedó sola. Sus palabra, a pesar de haber nacido en una cultura pagana dijo con profunda convicción y amor a su suegra, que no la abandonaría. Rut le promete lealtad incondicional a su suegra Noemí. Es un juramento de amor, lealtad y conversión, en el cual Rut decide dejar su tierra y dioses nativos para seguir a Noemí, adoptando el pueblo y al Dios de Israel como suyo.
Betsabé, por su parte, fue nada más y nada menos que la madre de Salomón, rey de Israel, tampoco era judía, probablemente era hitita. Según 2 Samuel 11, el rey David vio a Betsabé bañándose desde la terraza de su palacio, lo que provocó su deseo, adulterio y la posterior conspiración para matar al esposo de ella, Urías. Es bueno aclarar, para aquellos cristianos o religiosos que les gusta “interpretar” a Dios, que el relato bíblico no confirma que ella se bañaba desnuda intencionalmente frente a él, sino que se purificaba tras su periodo menstrual. Lo que después hizo el rey y ordenó a sus súbditos lo expone la Biblia con detalles y ella era un súbdito más de su reino.
Para finalizar debemos decir una cosa extraordinaria acerca de estas cuatro mujeres es que ellas no eran judías, María fue la única judía, y en su mayoría son consideradas gentiles es decir aborrecidas por Dios. Y sin embargo fueron instrumentos escogidas por Dios. Pero María también tuvo una situación de vida compleja en su juventud. Estaba embarazada antes de casarse y podría haber sido lapidada hasta la muerte según la ley. Sin embargo, como judía piadosa, accedió al plan de Dios de convertirse en la madre del Mesías a pesar del posible escándalo.
Es un alto honor que Dios le da a la mujer como ser humano, producto de su creación y de su amor por ellas. No es de extrañar entonces que Dios a través de Mateo quiso que la humanidad supiera que Jesús vino a salvar a todas las personas y que la mujer era para él un instrumento tan útil como el hombre en la predicación del evangelio. Con una función específica e inigualable. Por cuanto donde no puede llegar el hombre en la misión de llevar el mensaje de salvación la mujer es su ayuda. Es quien le motiva, le acompaña, cuida de su hogar, de los hijos y de su MINISTERIO dándole apoyo y fortaleza.
¡Hasta el próximo artículo Dios mediante!
William Amaro Gutiérrez
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